| CUBA: ¿DICTADURA EN CUBA? SÍ, LA DEL PROLETARIADO /Por: Paco Azanza Telletxiki |
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| Escrito por Paco Azanza Telletxiki |
| Domingo, 19 de Julio de 2009 21:35 |
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Cuba:
¿Dictadura en Cuba? Sí, la del proletariado Por:
Paco Azanza Telletxiki No
son pocas las veces que me ha tocado escuchar –y las que me
quedan-
aquello de que la mayor parte de la población cubana
está harta de la
Revolución y del socialismo que la alimenta. Y quienes de
esa manera piensan y
opinan, insisten, sin aportar ni un solo argumento válido
que lo sostenga, que
esto es así porque el “régimen
castrista” les ha llevado a una situación
calamitosa propia de una dictadura. Está
claro que, por desconocimiento o interés, esta gente pasa
por alto que
el sistema electoral cubano permite alcanzar el poder incluso a la
propia
contrarrevolución si es que, en verdad y como aseguran, esta
fuera mayoritaria.
Fidel lo dijo de esta ilustrativa manera: En el sistema electoral
nuestro, si
la contrarrevolución fuera mayoritaria podía
ganar las elecciones y tomar el
gobierno pacíficamente. ¡Ah!, ellos saben que no
van a tener la mayoría, desde
luego, porque nuestro partido es un partido, pero no postula ni elige;
en
nuestro país postula y elige el pueblo desde la
base”. Luego, de la dictadura
al uso que tanto denuncian y atribuyen al Gobierno cubano nada de nada;
Cuba
vive en Revolución Socialista desde hace más de
50 años porque la inmensa
mayoría de su población así mismo lo
quiere. El
Estado de Cuba revolucionaria tuvo durante bastante tiempo una
estructura provisional, y esto fue así porque los
conductores de la Revolución
no pretendían cumplir sólo un expediente, sino
dotar al país de unas instituciones
sólidas que respondieran con eficacia a la nueva realidad
que ya se vivía en la
Isla. El proceso revolucionario necesitaba adquirir cierta madurez
antes de dar
un paso tan importante, y para eso se debían cubrir primero
otras etapas.
Durante los primeros dieciséis años de
Revolución estuvo en vigor la
Constitución de 1940; una Carta Magna que, aunque burguesa,
era bastante
avanzada para la época, sólo que su contenido los
gobiernos precedentes nunca
antes lo habían respetado llevándolo a la
práctica. No obstante, la Ley
Fundamental de 1940 hubo de ser modificada en infinidad de ocasiones
mediante
expedientes de acuerdos del Consejo de Ministros, ya que chocaba muy a
menudo
con los avances del proceso revolucionario. Llegó pues la
imperiosa necesidad
de elaborar y aprobar un nuevo texto constitucional, lo que
sucedió en 1976. En la discusión
del proyecto
participaron alrededor de 6.200.000 personas pertenecientes al Partido,
los
sindicatos, los CDR, la FMC, la ANAP, la FEU, la FEEM, las unidades
militares y
las misiones cubanas en el extranjero. Si exceptuamos a los
niños y tenemos en
cuenta que en 1976 la población de Cuba era bastante menor
que la de ahora,
llegaremos a la conclusión de que de forma directa y
personal prácticamente
todos los habitantes participaron en el examen del documento. 5.500.000
se
pronunciaron a favor de mantener el texto sin modificaciones, y 16.000
propusieron algunos cambios, que fueron respaldados por algo
más de 600.000
participantes. Enriquecido su contenido por la discusión
popular a través de
infinidad de asambleas en todo el territorio nacional, la
Constitución
Socialista fue probada por el Congreso, y, finalmente, mediante
referéndum,
también por el 97,7% de la población electoral.
¿En qué otro país del planeta
ha ocurrido algo igual o parecido?
En
las últimas elecciones de Cuba –el 20 de enero de
2008- votó de manera
libre y secreta el 96,89% de los electores –una quimera
también en cualquier
otro lugar del mundo-, correspondiendo el 91% al Voto Unido por todos
los
candidatos a diputados y a delegados provinciales. Por
considerarlo de interés, ahondare un poco en estos datos.
Electores:
8.495.917; Participación: 8.231.365 -96,89%-; Voto Unido:
7.125.752 -91%-; Voto
Selectivo: 713.606 -9%-; Voto en Blanco: 306.791 -3,73%-; Voto Nulo:
85.216
-1,04%; Abstención: 264.552 -3,11%-. El Voto Unido es, como
su nombre indica,
un voto de unidad, de apoyo total a la Revolución. El Voto
Selectivo también se
entiende como de apoyo a la Revolución, aunque con ligeros
matices. Entre ambos
suman 7.857.358. Las boletas depositadas en blanco y las anuladas se
entienden
como contrarias al socialismo en Cuba, y la suma de ambas arroja la
cifra de
392.007 votos. Falta por contabilizar la abstención
–el 3,11%-. La abstención
no es necesariamente un ejercicio en contra de la
Revolución. Conozco a gente
que ha dejado de votar en varias ocasiones y por diferentes motivos,
pero nunca
precisamente por estar en desacuerdo con el sistema
socio-político de la Isla.
De todos modos, para que no se me incomoden los contrarios, los
sumaré a los
votos nulos y blancos, y estaríamos refiriéndonos
a 656.559 votos. El resultado
final de las últimas elecciones sería, pues, de
7.857.358 personas a favor de
la Revolución Socialista, y sólo 656.559 en
contra. Un dato muy significativo,
sin duda. Existe
también la errónea creencia de que Fidel siempre
presidió el
Gobierno de Cuba sin que el pueblo lo hubiera elegido, lo que es
completamente
falso. Los más de 600 diputados –en el actual
ejercicio 614- que componen la
Asamblea Nacional del Poder Popular, órgano legislativo
supremo del Estado
cubano, son elegidos para un período de cinco
años por la población electoral,
y aquellos, a su vez, al comienzo de cada mandato eligen al Consejo de
Estado y
a su presidente; lo que contradice contundentemente, pues, a los que,
empecinados, sostienen que Fidel lideró la
Revolución sin que nadie lo hubiera
elegido. Fidel,
además, no fue Presidente de Cuba desde 1959 hasta que por
problemas
de salud renunciara a presentarse al cargo en 2008, sino desde 1976
–hasta
entonces lo habían sido Manuel Urrutia Lleó y
Osvaldo Dorticós Torrados-. Y
para ello tuvo que ser propuesto como diputado por la Asamblea
Municipal de
Santiago de Cuba y ser elegido mediante voto libre y secreto, para
después ser
propuesto como Presidente y ser igualmente elegido en la Asamblea
Nacional con
el mismo procedimiento de votación. A partir de aquella
fecha, debido a sus
numerosos méritos personales y su indiscutible capacidad
como dirigente, la
Asamblea siempre lo eligió.
Pero,
al margen de la legitimidad que periódicamente otorga el
pueblo
cubano a su gobierno a través de las urnas, [1] conviene
recordar éste
importante hecho: El 11 de junio de 2002, tras la convocatoria
realizada sólo
veinticuatro horas antes por el Comandante en Jefe, más de 9
millones de
cubanos y cubanas se manifestaron por las calles de toda la Isla
recordando al
mundo el irrenunciable carácter socialista de la
Revolución Cubana. E incluso
la citada cifra se queda corta, porque, como el mismo Fidel dijo al
día
siguiente: conste que hicimos un informe restrictivo sobre cuanta gente
se
movilizó, porque las cifras que tenemos superan los 10
millones. Por
si esto fuera poco, desde el sábado día 15 a las
10 de la mañana hasta
el mediodía del martes 18 del mismo mes, la propuesta
conjunta de las
organizaciones sociales y de masas, para que quienes estuvieran en edad
de
votar expresaran con sus firmas la voluntad de reformar la
Constitución a fin
de que constara en ella tanto el carácter irrevocable de
nuestro socialismo
como que las relaciones de la República con cualquier otro
Estado no podrán
jamás ser negociadas bajo agresión, amenaza o
coerción de una potencia
extranjera, fue refrendada por más de 8 millones de
electores. Después,
entre los días 24 y 26 igualmente de junio, durante la
Sesión
Extraordinaria realizada por la Asamblea Nacional del Poder Popular, se
aprobó
por unanimidad la Reforma Constitucional anteriormente citada. Está
claro, pues, que la gente que opina de tan equivocada o tendenciosa
manera –según los casos-, o es víctima
de la manipulada información dominada
por el gran capital –casi toda, más del 80%- o,
insisto, en mayor o menor
medida es parte interesada de que la realidad cubana sea falseada para
desacreditar a la Revolución y al gobierno que la dirige con
fines
desestabilizadores. Esto no es nada nuevo, siempre ha sido
así desde el primero
de enero de 1959. Existe,
igualmente, otro tipo de individuo que, alejado quizá de
toda malicia,
se niega a reconocer que ve lo que ve porque esa realidad afecta
seriamente a
sus propias e “intocables” creencias. Y es que,
como decía Rodolfo Livingston,
la percepción humana no se produce de afuera hacia adentro,
sino de adentro
hacia afuera. Cada uno percibe según su experiencia y
según sus creencias, que
son más arraigadas que las ideas; en las creencias se
“está”, las ideas se
“tienen”. Con tal de no modificar las creencias es
frecuente no ver –o al menos
resistirse a ver-, cualquier cosa que las ponga en crisis. Thomas Kuhn
–en su
Estructura de las revoluciones científicas- llamó
a ese fenómeno “ceguera
paradigmática”. Esta
“anomalía visual” está muy
extendida entre la población de todo el
mundo, sobre todo entre la del primero. Y como la ceguera de
lamentablemente
muchas personas corre grave peligro de convertirse en
crónica enfermedad,
expondré algunas cosas más –a modo de
colirio- con la esperanza de que, quizá,
el “medicamento” haga su efecto y corrija el
problema de las enfermizas pupilas
rebajando quién sabe si al menos algunas
dioptrías. Si
tan descontentos están en Cuba con la Revolución,
si tan desesperada y
crítica es la situación y, sobre todo, el
responsable de la “intolerable e
insostenible” desgracia no es otro que Fidel
–también ahora el compañero
Raúl-,
como muchos medios de difusión extranjeros, vuelvo a
insistir –órganos de
información al servicio del gran capital y del imperialismo
yanqui y europeo-,
a menudo y de muchas maneras informan en sus hipócritas
ondas, líneas y
páginas, ¿por qué no provocan una
rebelión contra el régimen socialista, si
además cuentan con el respaldo de no pocos gobiernos del
mundo –y no digo
pueblos- que al parecer tantas ganas le tienen al Comandante y la
Revolución
que éste lidera? La
respuesta que habitualmente se escucha, para contestar a esta y
similares preguntas, es la de que la población
está fuertemente reprimida y
aterrorizada para emprender empresa semejante. Lo cual no deja de ser
un
endeble argumento, además de una miserable mentira y un
grave insulto a los más
de once millones de personas que habitan la Isla. Y apuntalo la
teoría que
esgrimo cruzando el océano Atlántico para llegar
al Estado español y citar
algunos ejemplos: Durante
los casi cuarenta años de dictadura franquista, la
represión que se
ejerció en este lugar sí que fue brutal, y si no
que se lo pregunten a la
numerosísima cantidad de personas que la padecieron y
tuvieron la suerte de no
acabar asesinadas. Sin embargo, durante todo ese oscuro
período de la historia
de aquello que llamamos España, a pesar de la
cárcel, del exilio, de los
asesinatos cometidos por la tiranía de Franco ¿no
se rebeló masivamente la
población en todo el Estado? Además de infinidad
de partidos políticos, ¿no se
crearon y se desarrollaron en la clandestinidad numerosos grupos
armados para
combatir al régimen que los oprimía, aun siendo
salvajemente torturados y
asesinados, en no pocos casos, cuando eran detenidos? Si cito media
docena de
grupos armados que operaban en esa época y posteriormente en
la de la mal
llamada Transición, seguro, me quedo corto. Cierto
que al final Franco murió de viejo, enfermo y en la cama
–algo que
habría que recordar a más de uno-, pero esa es
otra cuestión que ahora no voy a
tratar de analizar, porque no viene al caso. En
otros países de Europa con regímenes, al menos
sobre el papel, menos
dictatoriales que el de Franco también existieron
–y en algunos casos hoy
todavía existen- grupos armados para combatirlos. En
Alemania estaba la
Fracción del Ejército Rojo de los Baade-Meinhof
que, por cierto, varios de sus
miembros fueron asesinados en las celdas donde estaban recluidos.
Francia
tampoco se salva de la quema y, desaparecida Acción Directa,
hasta hace poco al
menos el FLNC seguía operativo en su Estado. En Italia
operaban las Brigadas
Rojas, además de otros grupos. En Irlanda e Inglaterra el
IRA y el INLA –el
gobierno londinense dejó morir cruelmente a varios
militantes de estas dos
organizaciones, Bobby Sands fue el primero de ellos, tras largas
huelgas de
hambre… De
todos modos, como no hace falta que permanezca tan lejos de Cuba,
recojo
el equipaje y regreso a la Isla para exponer algunos ejemplos de la
brutal
represión sufrida por sus pobladores en todos los tiempos. Cuando
los españoles iniciaron la colonización, en la
zona más montañosa y
poblada de aborígenes -la de Maisí, costa norte
oriental-, el cacique Hatuey
organizó a los indios para defenderse de los invasores. La
superioridad técnica
de estos últimos, sin embargo, logró imponerse.
Con la resistencia indígena
aplastada, el primer rebelde de Cuba –Hatuey- fue capturado y
quemado vivo. Otro
cacique que logró organizar una resistencia efectiva contra
los
españoles fue Guamá que, en la zona de Baracoa y
en 1533, fue muerto por una
cuadrilla al mando de Manuel de Rojas. Durante
las primeras insurrecciones campesinas de la historia de Cuba,
protagonizadas por los vegueros contra la Corona y contra la
oligarquía, ¿no
fueron ahorcados –el 23 de enero de 1723- doce prisioneros? José
Antonio Aponte, negro libre habanero, ¿no fue ahorcado junto
a sus más
estrechos colaboradores el 7 de abril de 1812 por encabezar una
insurrección?
Siendo los objetivos insurreccionales la abolición de la
esclavitud, la
supresión de la trata, el derrocamiento de la
tiranía colonial y la creación de
una sociedad sin discriminaciones, para tratar de intimidar a los
posibles
seguidores de Aponte, a sus colonialistas asesinos no se les
ocurrió otra cosa
que recurrir al macabro espectáculo de exhibir su cabeza,
dentro de una jaula
de hierro, a la entrada de La Habana. No
nos olvidemos, tampoco, de la tremenda cantidad de personas torturadas
y
asesinadas por los colonos durante las heroicas sublevaciones de La
Habana y
Matanzas, así como en la posterior y feroz
represión del proceso de La
Escalera, en 1844. Sabido
es que en la Cuba colonial la represión, contra quienes
abandonaban
el camino marcado por los colonos, era más que notable. A
pesar de ello, los
cubanos de aquella época con sus mambises a la cabeza,
¿no se alzaron en armas
repetidas veces contra los españoles? Los
cubanos no fueron precisamente quienes menos pelearon por su
independencia. Lo hicieron, en total, treinta años. No
fueron parcos, tampoco,
en sacrificios: al cabo de la guerra había perecido por lo
menos un tercio de
la población. Fue
una lucha además extraordinariamente cruel. Los cubanos
conocieron el
genocidio antes que nadie: la reconcentración forzosa de
toda la población
campesina en las ciudades dominadas por los colonialistas
costó la vida a
300.000 cubanos, entre 1896 y 1898, y es el único
antecedente del holocausto
judío realizado por los nazis cuatro décadas
después –la cursiva es de Ricardo
Alarcón de Quesada. Sabedor
de que con los métodos tradicionales nunca
ganarían la guerra a los
mambises, el general en jefe del ejército colonial
español, Arsenio Martínez
Campos, pidió al gobierno de Madrid su
sustitución, recomendando ser
reemplazado por Valeriano Weyler y Nicolau. Éste individuo,
que conocía la Isla
desde la Guerra de los Diez Años (1868-1878),
llegó a Cuba en febrero de 1896 y
aplicó la citada política de
reconcentración. Con este método genocida
pretendían eliminar el apoyo que el campesinado
ofrecía a los mambises. Estrenándose
en la provincia de Pinar del Río, con la esperanza de rendir
a Antonio Maceo y
sus hombres, fueron extendiéndolo después a toda
la Isla. Los campesinos eran
obligados a abandonar sus bohíos y a trasladarse a las
ciudades, mientras el
ejército español quemaba y destruía
los bienes de los guajiros. Fuera de su
entorno habitual, éstos enfermaban con tremenda facilidad.
Siendo víctimas
indefensas del hambre y de las epidemias, fue en la provincia de Santa
Clara
–hoy Villa Clara- donde la reconcentración
cobró mayor número de muertos: allí
hubo días en que se enterraron en la fosa común a
más de 6.000 personas. Después,
expulsados los primeros colonizadores y durante los diferentes
gobiernos al servicio de los nuevos colonos –al imperialismo
yanqui me
refiero-, ¿no hubo represión?, ¿no
hubo también asesinados y torturados? El
20 de mayo de 1912, el Partido Independiente de Color se
alzó en armas.
El alzamiento fue realizado con el propósito de que se
derogara la Enmienda
Morúa, que previamente había ilegalizado al
mencionado partido. En sólo dos
meses el sanguinario general Monteagudo, con el beneplácito
del presidente José
Miguel Gómez y el vicepresidente Alfredo Zayas
–llamados “el tiburón” y
“el
pesetero” respectivamente-, ¿no masacraron a
más de 3.000 negros y mulatos, la
mayor parte de ellos desarmados? Años
más adelante ¿no envió Gerardo Machado
–uno de los más sanguinarios
presidentes de aquellos tiempos- a un grupo de matones para asesinar a
Julio
Antonio Mella en su exilio mexicano? No tengo ni un ápice de
miedo a la muerte
–expresó en varias ocasiones el joven
revolucionario-, lo único que siento es
que me van a asesinar por la espalda. Y así mismo fue. Fundador
junto a otros compañeros, el 20 de diciembre de 1922, de la
Federación
de Estudiantes Universitarios –FEU-, la Universidad Popular
José Martí -1923-,
la Sección Cubana de la Liga Antiimperialista y el primer
Partido Comunista de
Cuba -1925-… Mella, no sólo como líder
cubano sino también continental, era la
figura más sobresaliente en esos momentos y comenzaba a
enfrentarse a Estados
Unidos, de modo que estorbaba. El imperialismo se dio cuenta de
cómo avanzaban
las ideas nuevas y quería desaparecerlas en su origen
-¡qué necios, como si las
ideas pudieran ser asesinadas!-. A eso precisamente se debe su muerte
el 10 de
enero de 1929. Muero por la revolución, asesinado por
agentes de Machado
-fueron sus últimas palabras-. Y ¿acaso se
apendejaron el resto de sus
compañeros en Cuba? ¿No continuaron con la lucha
a pesar de la fuerte represión
gubernamental que les combatía? Vencer o servir de trinchera
a los demás: Hasta
después de muertos somos útiles. Nada de nuestra
obra se pierde. El
revolucionario tiene orgullo de ser puente para que los
demás avancen sobre él
–la cursiva es de Julio Antonio Mella. Casi
un año antes, el 20 de enero de 1928, los obreros Claudio
Brouzón y
Norke Yalob ¿no fueron torturados en la sección
de expertos y posteriormente
asesinados en la fortaleza de la Cabaña? Arrojados
después sus cadáveres al
mar, unos pescadores encontraron un brazo de Brouzón en el
vientre de un
tiburón capturado; en cuanto al cadáver de Yalob,
éste fue hallado en la bahía
de La Habana amarrado a un lingote de hierro. Durante
el “Machadato” (1925-1933), sólo en la
Prisión Modelo de la Isla de
Pinos –hoy Isla de la Juventud-, ¿no fueron
asesinados más de quinientos
presos? El
8 de mayo de 1935, Antonio Guiteras, Secretario de
Gobernación del
“Gobierno de los Cien Días”,
¿no fue asesinado, junto al venezolano Carlos
Aponte cuando salía clandestinamente de Cuba para regresar
en una expedición
armada? Jesús
Menéndez –el “General de las
Cañas”-, dirigente obrero y comunista
del sector azucarero, ¿no fue cobardemente asesinado en
Manzanillo, el 22 de
enero de 1948, durante el régimen presidido por
Ramón Grau San Martín? Y
algo más cercano a nuestros tiempos. Cuando
fracasó el asalto al Cuartel
Moncada –militarmente, nunca políticamente- gran
parte de los combatientes, ya
detenidos, ¿no fueron salvajemente torturados y asesinados
allá mismo a boca de
jarro? El 13 de marzo de 1957, José Antonio
Echeverría, presidente de la FEU
por aquel entonces y uno de los máximos organizadores del
asalto al Palacio
Presidencial y a la emisora de Radio Reloj, ¿no fue
asesinado frente a la
Universidad de La Habana? Cuando el 30 de julio de 1957, sin cumplir
todavía
los 23 años y en Santiago de Cuba, los esbirros detuvieron a
Frank País junto a
Raúl Puyol y dos cuadras y media más abajo del
lugar de la detención los
bajaron del carro donde los llevaban, ¿no los asesinaron
igualmente a boca de
jarro en aquel Callejón del Muro? Un mes antes y
también en Santiago de Cuba,
Josué País –hermano menor de Frank-
¿no fue rematado por los esbirros estando ya
detenido y mal herido junto a sus compañeros
caídos Salvador Pascual y Floro
Vistel? El 13 de agosto de 1957, los hermanos Saíz
¿no fueron igualmente
asesinados siendo éstos unos adolescentes?… Y
sin embargo ¿se quedó el pueblo sumiso y
amilanado ante la tiranía de
Batista? ¡No! Prueba de ello es que, a pesar de las grandes
dificultades, de
las grandes masacres cometidas por los tiranos durante todo ese tiempo
para
tratar de frenar el imparable avance de la guerrilla, cinco
años, cinco meses y
cinco días después del asalto al Moncada, tras
poco más de dos años de guerra,
los Barbudos entraron a Santiago de Cuba, y siete días
después –el 8 de enero
de 1959- a La Habana. Estos
que acabo de citar, sólo son algunos de los
muchísimos y sangrientos
ejemplos que lamentablemente existen a lo largo de todo el proceso
emancipador
en la historia de Cuba. Si
nos limitamos a la última dictadura militar de Fulgencio
Batista
(1952-1958), estaríamos hablando de unos 20.000 muertos como
consecuencia de
los heroicos combates librados contra los soldados de la
tiranía. ¿Por
qué, entonces, si los revolucionarios de todas esas
épocas eran tan
brutalmente reprimidos para que no alcanzaran sus libertarios
propósitos, no
cesaron en su empeño hasta conseguirlos? ¿No
será que, en verdad, ellos sí
tenían qué combatir y una causa justa que
alcanzar? ¿Por qué en los tiempos
actuales, si tan injusto es el régimen que les rige, como
dicen, si tanta
escasez de libertad y democracia tienen, si tanto se les reprime cada
vez que
abren la boca, por qué, insisto, por qué ellos no
hacen exactamente lo mismo?
¿No será que tan tamaña injusticia por
parte del gobierno cubano no existe, y
que si la citada injusticia existe viene de otro lado? ¿No
será que la escasez
de libertad y democracia no es tal, al menos para la inmensa
mayoría de los
cubanos? ¿Y esa represión de la que tanto se
habla? ¿Existe o no existe? Y si
existe, ¿por qué existe, para quién
existe y para qué existe? Me parece que las
respuestas a estas preguntas son más que evidentes. El
Estado es una herramienta represora, cierto, pero en manos del pueblo
sólo se utiliza para reprimir a la minoría que se
opone a su dicha. Obviamente,
me estoy refiriendo a la dictadura del proletariado; instrumento que en
manos
del pueblo es legítimo y necesario como mecanismo
organizativo y de
autodefensa. En Cuba hace más de cincuenta años
que el pueblo arrebató el
Estado a la burguesía nacional, supeditada ésta
al imperialismo yanqui. Y,
transformándolo de manera radical, actualmente lo utiliza
para proteger sus
importantes conquistas.
De
todas maneras, en Cuba la dictadura del proletariado casi siempre ha
sido ejercida de manera bastante comedida. Un ejemplo relativamente
cercano es
el de los 75 famosos “disidentes” que fueron
detenidos, juzgados y encarcelados
en abril de 2003. Contrariamente a lo que las lenguas más
interesadas o
ignorantes dicen –según los casos-, estas personas
no son presos de conciencia
perseguidos por sus ideas –no fueron sancionados por lo que
escribían-, sino
asalariados del imperio que fueron condenados por delitos debidamente
probados.
Todos los países del mundo disponen de un arsenal
jurídico que les permite
defender la independencia nacional contra casos semejantes de
agresión
extranjera; la mayoría, además, mucho
más severo que el de Cuba. Pasado un
tiempo y debido al padecimiento de enfermedades de cierta gravedad,
varios de
estos individuos fueron puestos en libertad; gesto humano que muchos
gobiernos
del mundo no aplican a presos con parecidos cuadros
clínicos, aunque a estos la
ley les ampare.
Un
gobierno quizá pueda mantener en el engaño a su
población durante cuatro
años, pero nunca, jamás durante más de
cincuenta. Y si a lo largo de tanto tiempo
ha contado con la complicidad de gran parte de la
ciudadanía, será por algo ¿no
les parece? ¿O es que acaso los cubanos son tontos?
¿No está Cuba mundialmente
reconocido como el pueblo más culto de América
Latina? A
este pueblo no le decimos cree, le decimos lee –dijo Fidel
hace ya mucho
tiempo-. Ser culto es el único modo de ser libres
–ésta última cursiva es de
José Martí. Históricamente,
una de las “armas” más utilizada por las
tiranías mundiales
ha sido –y es- la supresión de la cultura y el
entorpecimiento de su desarrollo
en todas sus posibles manifestaciones. Y esto se hace con el
único y perverso
propósito de crear los cerebros inertes que, a los tiranos,
les permita
controlar a la población sin demasiados problemas. En Cuba,
donde, como se
sabe, el índice cultural alcanzado es muy elevado,
obviamente ocurre justo lo
contrario. Un
pueblo de analfabetos o semianalfabetos, o de gente idiotizada ante la
televisión y mutilada en sus capacidades intelectuales, no
podrá ser jamás un
pueblo libre –la cursiva es de Abel Prieto-. Queremos seres
pensantes, no seres
conducidos, dijo Julio Antonio Mella. Cincuenta
años de supuesta agonía es más que
suficiente para que, al menos
de vez en cuando, se hubiera hecho alguna manifestación de
protesta contra los
responsables de, según las serpentinas lenguas, tan
caótica situación. ¿Cuándo
se han visto en Cuba revolucionaria actos semejantes? ¡Nunca!
Y no me digan que
no se celebran por miedo a la represión –eso
sería tacharlos de cobardes,
cuando la historia cubana demuestra con creces que nunca lo fueron-,
porque en
todos los países del mundo se reprimen con extrema dureza,
muchas de ellas
hasta con fuego real que provocan muertos, incluso, y no por ello, a
pesar de
las prohibiciones, se dejan de convocar y secundar. En cambio,
sí se convocan y
se secundan numerosas y multitudinarias manifestaciones en defensa de
la
Revolución y contra sus conocidos enemigos. Y tampoco sirve
decir que la
ciudadanía está obligada a participar en ellas,
porque, por causas diversas,
mucha gente ha dejado de acudir a más de una y
jamás han sido represaliadas por
ese motivo. En
La Habana muchas veces se acerca o se supera el millón de
manifestantes
en las diferentes convocatorias –la última el
pasado Primero de Mayo-. Con el
resto de los habitantes que conforma el censo de la ciudad y no acude a
las
manifestaciones –otro millón, aproximadamente-
¿qué hacen las autoridades
cubanas?, ¿acaso los encarcelan? Bien
tontos son los que creen que este pueblo se puede gobernar por la
fuerza o por otra forma que no sea el consenso que emana de la obra
realizada,
la elevada cultura política de nuestros ciudadanos y la
envidiable relación de
la Dirección con las masas. En las elecciones del Poder
Popular participan de
forma consciente y entusiasta más del 95 por ciento de los
electores –la
cursiva es de Fidel. El
más fuerte no es nunca suficientemente fuerte para ser
siempre el amo,
si no transforma la fuerza en derecho y la obediencia en deber -la
cursiva es
de Jean Jacques Rousseau. Ningún
pueblo se hace revolucionario por la fuerza. Quienes siembran ideas
no necesitan jamás reprimir al pueblo. Las armas, en manos
de ese pueblo, son
para luchar contra los que desde el exterior intenten arrebatarle sus
conquistas –la cursiva es de Fidel.
Si,
como ha quedado demostrado, la represión –por
fuerte que sea- no es
suficiente para evitar rebelarse contra la injusticia, ¿por
qué en Cuba se
rebelan contra el imperialismo yanqui y sus lacayos –que
estos sí que los
reprimen- y nunca lo hacen contra su propio gobierno? La respuesta a
esta pregunta
también creo que es más que evidente. ¿Cuándo
Fidel u otros dirigentes cubanos han sido increpados y
desautorizados por la población en cualquiera de los
numerosísimos y
multitudinarios actos donde han participado? ¡Nunca! Siempre
ha ocurrido justo
lo contrario. Algo que muy pocos, o ningún mandatario
mundial, incluso, pueden
decir de sí mismo. Entonces,
si a una supuesta represión gubernamental no se debe,
¿a qué
podemos atribuir, pues, la tan elevada consanguinidad existente entre
la
dirección y las masas? Si recordamos que la fuerza no
constituye derecho y en
que únicamente estamos obligados a obedecer a los poderes
legítimos –la cursiva
es de Rousseau-, creo, sinceramente, que la respuesta a esta
última pregunta
también se cae de la mata: Es
el apoyo popular al sistema lo que le otorga su estabilidad. Es la
continuada identificación del sistema con el
interés de la población lo que le
acredita su apoyo. A pesar de la relativa erosión del
consenso en los últimos
años [primeros del período especial], lo
más notable es el nivel de
mantenimiento de esa correspondencia –la cursiva es de Rafael
Hernández. ¿Cuándo
en Cuba revolucionaria ha habido un solo torturado?
¿Cuándo un solo
desaparecido? ¿Cuándo un solo asesinado en
cárceles y comisarías?
¿Cuándo
manifestaciones brutalmente reprimidas por la policía, si ni
siquiera ha habido
manifestaciones por parte de los supuestos detractores? El cubano es un
pueblo
guapo y fajao, pero cuando y contra quien debe serlo. Con la saludable
e
imprescindible diversidad de pensamiento existente –la
pluralidad de
pensamiento no tiene necesariamente por qué manifestarse a
través de los
tradicionales y podridos partidos políticos-, en Cuba la
dirección y las masas
comparten ideas, reivindicaciones y calles, y se manifiestan siempre
juntos
porque son una misma cosa. ¿O alguien cree
todavía que una “víctima”, al
parecer tan castigada, puede ir durante más de cinco
décadas, hombro con
hombro, con su supuesto “verdugo” así,
como si nada? ¿No será más acertado
decir que la inmensa mayoría de la población
cubana, a pesar de la intoxicación
informativa creada y pagada por la CIA y que del exterior les llega
–la mal
llamada Radio Martí etc.- son perfectamente conscientes de
dónde vienen los
males que les golpean? Los
imperialistas intentan ridículamente presentar a nuestro
país como un
régimen de fuerza. Efectivamente hay fuerza, pero la fuerza
no está en las
armas, ni en las leyes, ni en las instituciones del Estado;
está en el pueblo,
en las masas, en las convicciones revolucionarias y en la cultura
política de
cada ciudadano. La fuerza no está en la mentira ni en la
demagogia, sino en la
sinceridad, la verdad y la conciencia. Las armas además las
tiene el pueblo y
con ellas defiende a la Revolución sin torturas, sin
crímenes, sin batallones
de la muerte, sin desaparecidos, sin ilegalidades ni arbitrariedades,
como
ocurre a diario en los países doblegados al imperialismo
para mantener
regímenes reaccionarios de injusticia y opresión.
Esto lo empiezan a reconocer
hoy hasta nuestros más enconados enemigos. Ello se debe a
las semillas de
principios y ética revolucionaria que sembramos desde el
mismo Moncada y que
fructificaron en la guerra de liberación y en el ulterior
desarrollo de la
Revolución. Por encima de las montañas de
calumnias imperialistas se yergue
firme e invencible la realidad histórica –la
cursiva es de Fidel. Ningún
país del llamado mundo occidental y democrático
puede jactarse de lo
que apunto en estas líneas. Muchos de sus gobernantes, sin
embargo, seguirán
pidiendo -exigiendo más bien- a la dirigencia cubana que
“democratice” el
sistema de la Isla, que no es otra cosa que exigir la entrega
incondicional de
todos sus recursos –incluidos los humanos- a las
transnacionales; demanda que,
por supuesto, no va a ser satisfecha, porque, como ya ha quedado
demostrado en
este escrito, la inmensa mayoría de la población
cubana hace más de cincuenta
años que decidió enterrar al capitalismo. Y la
decisión de vivir en Revolución
Socialista se renueva periódicamente mediante elecciones
democráticas, libres y
secretas. Desde
entonces, el gran “pecado” de Cuba no ha sido otro
que demostrar, con
su ejemplo, que un mundo nuevo, además de urgentemente
necesario, es muy
posible. [1] Sobre las elecciones en
Cuba
puede leerse La democracia y Cuba, un artículo de mi
autoría publicado en
Baraguá. 2009
/ 07 / 08 http://baragua.wordpress.com/2009/07/09/cuba-%c2%bfdictadura-en-cuba-si-la-del-proletariado/ |
| Última actualización el Martes, 26 de Enero de 2010 17:04 |


PCV: Cerrar filas frente a provocaciones imperialistas
El Estado y el sector privado en Venezuela
Trabajadores de Nuestra América, Unidos



































