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CHINA:
LA FASE PRIMARIA DEL SOCIALISMO
Por
José Cademartori
La nueva China en las
próximas décadas.
El
desarrollo económico
de China fue uno de los procesos significativos de la segunda mitad del
siglo
pasado. Al parecer, lo será mucho más en las
próximas décadas. Cuando se fundó
la República Popular, China ocupaba el 13º lugar en
el mundo por su magnitud
económica. En 1990 había saltado al 6º
lugar.(1) Para el 2010 habrá aventajado
a Japón y quedará en el segundo lugar. La
predicción de Goldman Sachs de que el
PIB de China sobrepasaría a los EE.UU para el año
2040, produjo conmoción,
pero, hoy nadie la considera imposible.
De
cumplirse, sumado
al rápido
crecimiento de India y de
otros países de la región,
sobrevendrían profundos cambios en la economía y
la
política mundial. El lejano Oriente podría
desplazar a Occidente, como el área más
dinámica e influyente del planeta.
El
movimiento obrero y
campesino dirigido por el Partido Comunista chino y encabezado por Mao
Zedong
asumió el poder en Beijing en 1949. Fue el resultado de 28
años de duros
sacrificios, de rebeliones masivas y enfrentamientos armados
victoriosos contra
los invasores japoneses y el régimen pronorteamericano de
Chiang Kaisek. La
revolución “antiimperialista y
democrática, con perspectiva socialista”,
triunfó en uno de los países más
pobres, atrasados y poblados del mundo, con
arraigados resabios feudales, constantemente golpeado por
catástrofes
naturales, luchas intestinas e imposiciones de las grandes potencias.
Los
EE.UU. demoraron 30 años en reconocer oficialmente al nuevo
gobierno.
Períodos
y etapas históricas.
La
historia
contemporánea de la nueva República Popular China
se puede dividir en dos
grandes períodos. El primero, desde 1949 a 1978; el segundo
desde 1978 hasta
nuestros días. El primero coincide a grandes rasgos con la
conducción del país
por Mao Zedong, fallecido en 1976. El segundo se inicia con la
reunión del
Comité Central del PCCH de 1978 el cual reconoce la
crítica situación que vive
el país y aprueba la nueva estrategia propuesta por Deng
Xiaoping.
Dentro
del primer
período se pueden distinguir dos etapas: La primera desde
1949 hasta 1957 y la
segunda desde este último año hasta 1978. La
línea divisoria está un año
después del 8º Congreso del PCCH, cuando se inician
las violaciones de la
exitosa línea aplicada hasta entonces y Mao comienza a
imponer por su cuenta
una línea extremista de izquierda.(2)
A)
La primera etapa de
ocho años realiza las grandes transformaciones en el agro,
como el fin del
dominio de los señores feudales, el reparto de tierras entre
campesinos pobres,
la formación voluntaria de cooperativas de tres niveles, la
estatización de las
grandes industrias, bancos, medios de transporte masivo, dejando margen
para
pequeñas empresas privadas. En esta etapa se pone fin a la
hiperinflación, se
establece la planificación y regulación de los
mercados, se reconstruyen y
levantan nuevas industrias. Se avanza en la alfabetización,
se erradican
enfermedades endémicas, se mejora la alimentación
y el vestuario y se afianza
la soberanía territorial y la reestructuración
del estado.
B)
La segunda etapa
comienza con el establecimiento de “las comunas
populares”, y el “gran salto
adelante”, con la pretensión de avanzar a marcha
forzada directamente hacia la
formación de la sociedad comunista. Mao habla de superar a
EE.UU en diez años.
El resultado fue un caos económico. La producción
agrícola se redujo reaparecieron
las hambrunas, la industria se
detuvo por falta de materias primas. El cuadro se agravó por
la ruptura con la
URSS y los países del este europeo que llevó al
cese de su valiosa ayuda
tecnológica y económica. En los primeros
años sesenta este rumbo se rectificó
parcialmente. Pero en 1966 se reanuda la división y la
persecución a los
críticos. Es una nueva ofensiva de extrema izquierda
denominada “revolución
cultural” impulsada por Mao pasando por encima de la
dirección colectiva del PC
y de las estructuras gubernamentales. La inestabilidad se mantiene por
otros
diez años. El balance global
a pesar de
todo no fue malo, aunque muy insuficiente. Según el analista
Rafael Poch el
crecimiento medio anual (1957-76) fue de 5%. (3) Pero esto
sólo permitía un
aumento del consumo per cápita de 2,3% por hogar, con lo
cual la brecha con los
países capitalistas desarrollados se alargaba.(4) La
alimentación no mejora,
pues la producción agrícola crece lentamente, por
debajo de la media mundial,
mientras la población pasaba desde los 600 millones en los
años cincuenta a 900
millones en los setenta. Esto forzó a la drástica
política demográfica de “un
hijo por familia” (5)
Luego
de las muertes de
Mao Zedong y Zhou
Enlai y de
movilizaciones masivas en repudio de la “banda de los
cuatro” y de sus
políticas fratricidas se produce en 1978, la
rectificación y el gran viraje,
bajo la dirección de Deng Xiaoping.
La
nueva estrategia de construcción
del socialismo.
Este
período histórico
que abarca un lapso de 30 años hasta el presente, se puede
resumir en los
siguientes grandes rasgos. El PCCH realiza una franca
crítica de las
desviaciones ideológicas desde el marxismo y responsabiliza
a Mao de haberlas
fomentado y a las fracciones de Lin Biao y Jiang Qing de haberlas
aprovechado
para la comisión de crímenes, abusos, injusticias
e intento de golpe de estado.
La crítica de los errores de Mao no niega sus grandes
aportes en la aplicación
del “socialismo científico, con las
particularidades chinas”. Se reconocen sus
altos méritos como estratega político y militar,
pensador marxista y seguidor
de Lenin.(6) Se pone fin a la lucha fratricida entre comunistas y en el
pueblo.
Se plantea como tarea fundamental, la modernización
socialista del país, la
cual demandará más de un siglo de
duración, dado que China se encuentra en “la
fase primaria de la sociedad socialista”. Se trata de una
modernización
orientada por cuatro principios irrenunciables: adhesión a
la vía socialista, a
la dictadura-democrática popular, al liderazgo del Partido
Comunista, al
marxismo leninismo y al pensamiento de Mao Zedong. Se rechaza tanto el
igualitarismo como la gran desigualdad en la distribución de
los ingresos.
Las
reformas se suceden
a un ritmo pausado, pero sostenido. Se establece en el campo el sistema
de
responsabilidad familiar por medio de contrato para el usufructo de la
tierra
colectiva. Se crean las Zonas Económicas Especiales y se
abre el comercio
exterior. Se inician las reformas concernientes a la
dirección y administración
de las empresas públicas. Se abre espacio para el trabajo
independiente de
artesanos y campesinos; se crean las empresas de aldeas y municipios,
bajo la
tuición de las administraciones locales; se permite la
apertura de empresas
privadas principalmente pequeñas y medianas, en parte mediante la
privatización de empresas
estatales desfinanciadas o inviables; se autoriza la
inversión privada
extranjera y la instalación de filiales de las
compañías transnacionales. China
ingresa a la Organización Mundial de Comercio y contrae
compromisos con las
grandes potencias. Se establece el mercado de capitales y se regula el
mercado
del trabajo. La planificación administrativa se reemplaza
por la indicativa. Se
define la economía socialista china como una
economía mercantil planificada,
basada en la propiedad colectiva. Se autoriza el funcionamiento de
mercados
donde compiten empresas de propiedad pública y privada. Los
precios se
determinan por la oferta y la demanda, reguladas por el estado.
El
balance económico global
A
pesar de las continuas
y profundas reformas que podrían haber trabado la
economía, el balance global
del período muestra un notable desarrollo de las fuerzas
productivas.
Un
gráfico de las tasas
de crecimiento desde 1979 hasta 2005, publicado por la Agencia Nacional
de
Estadísticas de China, muestra que no hubo un solo
año en que hubiera recesión
o estancamiento. Los años de más bajo crecimiento
fueron 1989 y 1990, alrededor
de 4% anual, consecuencia de la crisis política que
culminó en la rebelión de
Tiananmen. Durante la crisis asiática, entre 1997 y 1999,
que afectó a tantos
países del mundo, el ritmo de aumento del PIB
continuó siendo elevado, 7%
aproximadamente. En resumen, en los 28 años el crecimiento
promedio fue de 9,8%
anual, el más elevado en la historia mundial. En cuanto al
producto per capita,
el retraso sigue siendo innegable. Los US. 2.000 de 2005,
según el FMI
colocaban al país en el lugar 101º entre 170
estados considerados. En el
período 1979-2005, China cumplió el objetivo
estratégico de cuadruplicar el PNB
per cápita, o sea pasar del paupérrimo 250
dólares a 1.000 dólares. Para el
2011 debería estar en US. 4.300, según el FMI.(7)
Esto significa que el
habitante chino promedio tendría un ingreso
superior al correspondiente a los más pobres y
equivalente al nivel
medio entre los países latinoamericanos, pero inferior a los
más desarrollados
del continente. Hacia el 2050 los gobernantes se proponen alcanzar el
nivel por
habitante de un país medianamente desarrollado, como
España o Grecia.
Es
ilustrativo comparar
la performance entre dos grandes países de similar
tamaño geográfico, elevada
población y parecido nivel de atraso, en el punto de
partida. Entre los años
1975 y 2005, la evolución de los PIB de China e India es la
siguiente: Si en el
primer año la India superaba a China en un 9% ; en el
segundo, China superaba a
India en dos veces y media.(8) La notable expansión
productiva ha tenido un
efecto directo en la reducción de la pobreza, como lo
muestran las cifras
siguientes. Según el PNUD,Informe 2000- entre 1978 y 2001 el
número de pobres
se redujo de 320 millones a 60 millones; la expectativa de vida
había subido
desde 36 años en 1949, a 71 años; el
analfabetismo se había reducido al 9% de
la población, en tanto en la India todavía no
bajaba de 39%. Por su parte,
según los cálculos del Banco Mundial, el
número de personas que sobrevivían con
un dólar diario había disminuido entre 1981 y
2003 desde 490 millones de
personas a 88 millones.
Según
Beijing, las
cifras reales serían, 200 millones y 52 millones
respectivamente. Para el Banco
un 30% de la población vive aún con menos de dos
dólares al día. En todo caso,
con estos cálculos del Banco Mundial se concluye que 400
millones de personas
salieron en China de la miseria, en algo más de 20
años, un logro histórico
considerable que, si se hubiera extendido al resto de Asia y Africa y a
América
Latina, habría significado un gran salto para la humanidad.
No fue así porque
en muchos países la miseria y la pobreza han aumentado.
En
cuanto a la distribución
de los ingresos, si bien es cierto el extremo igualitarismo –
“comer todos por
igual del mismo plato” - fue eliminado, surgió la
tendencia inversa a que las
diferencias se profundizaran y salieran de control. Según el
Banco Mundial en
un estudio para 2005, el índice de desigualdad de Gini se
situaba en 0,45
mientras en la India estaba en 0,33. De acuerdo con el PNUD 2004, en la
comparación 10% mayores ingresos-10% menores, India muestra
una proporción de 7
veces, mientras China 17 veces.(9) Por su parte el Banco de Desarrollo
de Asia
afirmó que el Gini había empeorado desde 0,30 en
1981 a 0,41 en 1993 y a 0,47
en 2004. Si bien las desigualdades chinas son menores comparadas, por
ejemplo,
con las de Chile (O,54) y otros de Latinoamérica, no son
mejores a las de
varios países europeos y asiáticos. La Oficina
Nacional de Estadísticas de
China ha reconocido que la diferencia entre ingresos urbanos y rurales
era
moderada o baja hasta 1993, pero que desde entonces los ingresos
urbanos han
aumentado muy rápido mientras los rurales mejoraban lentamente. Las
diferencias regionales, entre
las ciudades costeras y las del interior también se
acentuaron, en perjuicio de
éstas.
El
capitalismo en China.
La
legalización del
mercado y las garantías constitucionales a la propiedad
privada de medios de
producción ha dado origen a un importante sector de empresas
capitalistas,
tanto de origen nacional como extranjero. En las ramas industriales,
las
empresas privadas generaban el 30% de la producción
industrial, proporción que
se mantiene desde fines de los años noventa. Por otra lado,
el sector de
empresas mixtas que genera el 32% de la producción(10)
comprende dos tipos: uno
donde los propietarios privados tienen la mayoría del
capital, aun cuando el
gobierno se reserva una voz decisiva o un derecho a veto en materias
importantes; y otro, donde la propiedad pública
es mayoritaria.
Las
transnacionales
Por
su lado unas 500.000
empresas – dentro de un universo de decenas de millones
– pertenecen a
multinacionales o a capitalistas extranjeros. En el 2005 un tercio de
las
inversiones extranjeras procedía de Hong Kong y le
seguían a mucha distancia,
las provenientes de Japón, Corea del Sur, EE.UU y Taiwan.
Estas no van a
explotar recursos
naturales, sino a
aprovechar el atrasado, abundante y reducido valor de la fuerza de
trabajo. Ese
mismo año, las inversiones extranjeras, por muy alto que sea
su valor absoluto,
53.000 millones de dólares, sólo representaron un
4% del total, es decir un
complemento y no lo principal en el financiamiento de la capacidad
productiva
nacional. Sin embargo, su importancia radica en las nuevas
tecnologías que
deben transferir, útiles para la formación de
obreros calificados, técnicos e
ingenieros. Además, hay mejora continua de la calidad de la
producción, exigida
por los mercados extranjeros, pues una porción
elevada va a la exportación, la que ya
está entre las tres mayores del
mundo, junto a Alemania y EE.UU. En su composición
participan cada vez más
artículos electrónicos, equipos y maquinarias de
alto valor agregado. En los
últimos años, Beijing se muestra más
exigente y selectivo; ha subido los
impuestos a las ganancias del capital extranjero, quiere reorientarlo
hacia la
agricultura, las tecnologías de punta y las zonas
más atrasadas del centro y el
occidente del territorio. Se dictó una ley antimonopolio que
somete a las
autoridades los proyectos de compra o fusiones de empresas privadas.
En
la industria, la
construcción, el comercio y los servicios ha surgido un
sector de medianos y
grandes capitalistas. Según Merrill Lynch (informe de prensa
del 8 de Octubre
de 2006) había unos 320.000 capitalistas, con más
de un millón de dólares de
patrimonio. Una proporción de 32 personas en una ciudad de
125.000 habitantes.
La Nación de Santiago,(27 Septiembre 2007) citando a China
News, aseguró que un
millón y medio de chinos obtenían ingresos
superiores a los 50.000 dólares
anuales. Un puñado de ellos son mencionados como
billonarios, poseedores de más
de mil millones de dólares, entre los cuales hay quienes se
dedican a la
construcción de apartamentos y oficinas, otros poseen
cadenas comerciales,
agroindustrias o industrias manufactureras y servicios.
En
el otro extremo se ha
constituido un
numeroso sector de
obreros, hombres y mujeres jóvenes no calificados, que
trabajan para
capitalistas privados, de cuyo esfuerzo, inexperiencia y
desconocimiento de sus
derechos, sumado a la complicidad de autoridades o funcionarios
locales, muchos
de esos capitalistas se aprovechan. De fuentes externas, de
publicaciones
internas y del propio gobierno, se denuncia la
superexplotación, especialmente
de inmigrantes del campo, en abierta violación de las leyes
laborales, como el
trabajo semi-esclavo, la falta de contratos, no pago de salarios,
jornadas
excesivas, inseguridad en las faenas y prohibición de
sindicatos, entre otras.
Los
hechos señalados en
este acápite dan pie para la tesis sostenida por algunos
exponentes de
izquierda de todo el mundo, incluso declarados marxistas, que China
dejó de ser
socialista, que ya está orientada, se ha convertido al
capitalismo neoliberal o
va en camino fatal de serlo. Esta afirmación no puede
explicar determinantes
sustanciales del proceso y la realidad que la contradicen. Ciertamente
se trata
de una realidad compleja, inédita que contiene
contradicciones muy reales.
Incluso Milton Friedman, después de una visita al
país admitió su desconcierto
sobre el modelo económico. Tampoco aquella
afirmación no puede explicar la
opinión de voceros del capital transnacional que
están lejos de creer que China
esté gobernada por una nueva burguesía o por
funcionarios a su servicio; por el
contrario, expresan sus quejas de que los gobernantes chinos
estén utilizando
el capital y la tecnología privada para fortalecer el
“estado comunista” en pro
de sus supuestas intenciones hegemónicas. Aunque la
crítica de Occidente se
concentra en temas como el rol del PCCH, el apoyo a los opositores, al
separatismo étnico, la demanda de libertad de prensa, etc,
tampoco aceptan que
la economía china sea un sistema de mercado libre, ni
siquiera similar al tipo
socialdemócrata europeo. La Comisión Europea ya
dictaminó que no podía
otorgarle a China el estatus de “economía de
mercado”, porque apenas si cumplía
con uno de los cinco requisitos exigidos para tal
denominación. Sostuvo que las
leyes de la oferta y demanda no funcionaban libremente y que el estado
tenía
demasiada injerencia en los procesos económicos.
La
propiedad pública.
En
la industria, la
producción de las empresas “colectivas”
equivale al 38% del total. Una parte
está controlada por los gobiernos municipales y
provinciales, generalmente
pequeñas y medianas. Otra parte son administradas o
supervisadas, directamente
o por medios indirectos, por las autoridades centrales. Dentro de ellas
unas
200 empresas prioritarias están bajo la tutela directa de
una Comisión
Especial. En promedio, en ellas laboran unos 67.000 trabajadores.
También en el
área mixta hay empresas en que el capital estatal tiene la
mayoría, dejando la
minoría a capitales privados chinos o extranjeros, incluidos
las filiales de
transnacionales. La propiedad estatal abarca unas 122.000 empresas, un
número
minoritario dentro del total de emprendimientos, no obstante por su
producción
en gran escala, número de trabajadores, elevado monto de
capitales, tecnología
avanzada, lugar estratégico en la economía y masa
de utilidades resultante de
sus operaciones, ocupan una posición determinante en la
economía. En un ranking
de las 500 corporaciones mayores, el 85% eran estatales,
sólo el 15%, privadas.
Del total de las 500 top en 2005, las diez mayores, todas estatales,
acumularon
el 47% del total de las ganancias de las 500.(11) En los ranking
internacionales compañías estatales chinas en
áreas como el petróleo, aluminio,
electrónica, bancos y otras
están ya
figurando entre las de mayor tamaño.
En el sector financiero,-
bancos, seguros,
bolsas, fondos de inversión - el control gubernamental es
determinante. Aunque
se proyecta autorizar inversión extranjera en ellos,
será en carácter minoritario,
respecto de la administración. Los bancos y las filiales
bancarias extranjeras
autorizadas para determinadas funciones,
cumplen rigurosamente
las
“insinuaciones” de las autoridades
económicas, sobre lo que deben hacer en
determinados momentos, como durante la presente crisis
económica. Las compañías
de transporte ferroviarias, aéreas, marítimas son
de propiedad pública,
igualmente las comunicaciones y los servicios como agua, electricidad,
etc. El
Ejército cuenta también con un importante
número de grandes fábricas de
armamentos, algunos de tecnología avanzada como la
aeroespacial y la atómica.
Andrew
Batson en un
artículo sobre el tema (El Mercurio, Economía y
Negocios, 11 Mayo 2009)
calificó a la economía china de
“híbrida”, donde, aseguró,
los negocios
altamente rentables siguen estando reservados para las firmas
estatales,
limitando la expansión de la iniciativa privada.
Una
política macroeconómica efectiva
Diversos
otros
instrumentos legales permiten
al
gobierno chino orientar e intervenir en los procesos
económicos.
Desde
luego, los Planes
quinquenales se mantuvieron en estos tres últimos decenios.
Aunque su carácter
no es imperativo, ni detalla metas cuantitativas de
producción, constituye “la
carta de navegación” del estado. El actual, XI Plan 2006-2010, tiene entre sus
objetivos, reducir
las desigualdades en la distribución personal y territorial
de los ingresos,
asistir a los campesinos pobres, migrantes y desocupados, mejorar los
servicios
sociales, enfatizar la orientación hacia la demanda interna
más que en los
mercados externos, la reducción del consumo de recursos
naturales, el cuidado
de las fuentes energéticas y el agua y la
reducción de la contaminación. Se
plantea la disminución de un 20% del uso de
energía primaria por unidad del
PIB.(12)
El
sistema tributario ha
adquirido mayor importancia a lo largo del tiempo. La carga tributaria
fluctúa
alrededor del 23% del PIB. Desde 1994 existen 8 categorías
de gravámenes que
incluyen compraventas, entre ellos el IVA, con una tasa de 13%; un
impuesto al
ingreso empresarial, -sea de empresas públicas o privadas-
al uso de recursos
naturales; a las personas con tasas progresivas; a los bienes
raíces, al transporte,
a la agricultura y a las importaciones, entre otros.(13) Gracias a sus
holguras, el gobierno posee un Fondo Soberano por valor de 200.000
millones de
dólares, que se ubica entre los seis mayores del mundo.
El
Banco Central,
dependiente del gobierno, realiza una activa política
monetaria y financiera.
Controla y orienta a los bancos y regula el tipo de cambio evitando la
sobrevaluación del yuan o su devaluación,
particularmente en relación al dólar.
Las autoridades norteamericanas presionan permanentemente por
drástica
revalorización del yuan. El Banco Central, gracias a la
política gubernamental
de regulación del comercio exterior y de los movimientos de
capital, no ha
sufrido las oleadas especulativas propias del libre mercado.(14). El
manejo del
comercio exterior y de la balanza de pagos le ha permitido mantener un
elevado
superávit en cuenta corriente, entre 7 y 10% del PIB entre
2005 y 2009. Sus
reservas en 2007 alcanzaban a 1 billón de
dólares, una parte de las cuales se
mantiene en bonos del Tesoro de EE.UU, llegando a ser su segundo
más grande
acreedor. La República Popular China, considerada en EE.UU
sea, como enemigo
potencial, o rival económico, paradojalmente, se ha
convertido en sostén
financiero de Washington y respaldo clave del dólar.
Una
prueba exitosa del
sistema económico chino fue la llamada crisis
asiática. Mantuvo sus altos
ritmos de crecimiento con estabilidad monetaria. El yuan no fue
afectado como
en otros países asiáticos. La actual crisis
mundial ha revelado que China está
enfrentándola con un éxito que ha sorprendido a
los expertos. Muchos
economistas pensaban que el país se vería
afectado, dada su alta exposición al
mercado mundial, cuyas exportaciones son el destino del
40% del PIB. Sin embargo, el gobierno
rápidamente aplicó fuertes medidas, asumiendo un
elevado déficit fiscal. Entre
esas medidas están, gastos y subvenciones de
carácter social, inversiones
fiscales en infraestructura y ofertas crediticias de los bancos, los
cuales se
mantienen sólidos porque no cayeron en negocios
especulativos como en
Occidente. Estas
medidas impulsaron el
mercado interno y contrarrestaron la reducción de las
exportaciones. Se estima
que el crecimiento continuará al 8% en 2009 mientras el
mundo capitalista
estará hundido en la peor recesión en medio
siglo.
El
rol dirigente del Partido Comunista
Sin
duda que el Partido
Comunista mantiene un rol determinante en los rumbos de la gran
nación
asiática. Aunque se apoya en algunas agrupaciones aliadas de
modesta fuerza
política y en una gran cantidad de personalidades y expertos
no militantes, sus
75 millones de miembros a lo largo y ancho del país ejercen,
en mayor o menor
grado, con más o menos eficacia, con virtudes y defectos, la
responsabilidad
principal en los órganos de poder, desde la Asamblea Popular
Nacional, el poder
ejecutivo central, las fuerzas armadas y policiales, los gobiernos
provinciales
y locales y los medios de comunicación, hasta las
organizaciones masivas, como
sindicatos, femeninas, culturales, juveniles y comités
vecinales.
El
PCCH supo superar los
desastres causados por sus errores de extrema izquierda. Pero, a fines
de los
ochenta, tendencias derechistas, con signos
de neoliberalismo, y demandas para una democracia
capitalista, se hicieron
presente. Es lo que llevó a la crisis del socialismo real en Europa Oriental y la URSS,
lo que condujo a
la restauración de un capitalismo salvaje y corrupto: un
retroceso que los
trabajadores y los pueblos de esos países han sufrido en
casi todos los
terrenos. Por el contrario, el PCCH y su dirección
mayoritariamente con Deng
Xiaoping a la cabeza, supo mantenerse firme y a la vez flexible.
El
Ejército Popular de
Liberación, donde el Partido ejerce una esmerada
hegemonía, más el campesinado,
mayoritario en la población y gran parte de la clase obrera,
apoyaron este
rumbo; no se sumaron a un movimiento estudiantil e intelectual con
críticas
justas, pero con demandas anarquizantes o procapitalistas. El costo en
vidas
humanas en Tianammen fue alto, doloroso y lamentable. Pero el
país conservó sus
estructuras políticas y siguió adelante.
Cambios
importantes se
han efectuado en la organización interna del PCCH, lo que se
proyectan al
aparato del estado. Hay procesos graduales de
democratización y de
descentralización, como elecciones con
presentación de candidatos en mayor
número que el de cargos, control de
la situación económica personal y familiar de los
dirigentes, la prohibición de
la permanencia vitalicia en los cargos, entre otras. Esto ha
contribuido a un
debate más libre y profundo sobre toda la vida del
país, aunque bajo ciertas
limitaciones. Han surgido tendencias neomaoístas, de nueva
izquierda,
feminismo, neoliberalismo, etc, como también un esfuerzo de
marxismo creador.
En
2002 se eligió la
tercera generación de dirigentes después de Deng
Xiaping. El Presidente Hu
Jintao, reelegido en 2006, emprendió una nueva
orientación centrada en
rectificaciones y ajustes del rumbo principal de la “reforma
y apertura”. Fue
producto de un más abierto, aunque regulada
discusión en publicaciones de
prensa, académicas, en foros de TV e internet,
así como al interior del PCCH,
respecto de las contradicciones y conflictos que ha traído
“la reforma y la
apertura”: Las desigualdades económicas y
sociales, los efectos negativos de la
industrialización y la urbanización sobre el
entorno y el medio ambiente, las
serias falencias y costos familiares en los servicios sanitarios y
educacionales, abusos de poder e injusticias, inseguridad y
desprotección
social, la corrupción en niveles directivos, las debilidades
de las
organizaciones sociales llamadas a defender los derechos, la
pérdida de valores
espirituales y la tendencia al individualismo y al afán de
lucro. En los
primeros años del nuevo siglo, el descontento de campesinos
y aldeanos por la
expropiación arbitraria de tierras, en algunas ciudades por
el desempleo sin
protección y la carestía de servicios
públicos, se hizo sentir con numerosas
protestas masivas y enfrentamientos con la policía.
La
dirección encabezada
por Hu Jintao, Secretario General del PCH y Presidente de la
República y Wu
Jiaobao, Primer Ministro, tanto en su primer período
2002-2006 como en lo
transcurrido de su segundo y último mandato, 2006-2011,
realiza una política de
rectificación y de reequilibrio.
En
el XI Plan, la agricultura
pasó a ser una prioridad. Se persigue crear “un
nuevo agro socialista”. En 2007
se estableció un sistema que garantiza un mínimo
nivel de vida para 20 millones
de residentes rurales de mayor pobreza.(15) Se mejora la
situación de los
campesinos, rebajando los impuestos de manera que el 80% de ellos queda
eximido
del pago; se aumentan las inversiones en infraestructura agraria; se
establece
una red de servicios sanitarios rurales casi enteramente financiado por
el
estado, que cubrirá a toda la población en el
2010; en las escuelas, el
gobierno central se hace cargo de los salarios de los profesores
rurales los
que se igualan al mismo nivel de los urbanos y las
matrículas se hacen
gratuitas hasta los quince años de edad.
Para
mejorar la justicia
social, en 2003 se inició una campaña coordinada
entre gobierno, partido y
centrales sindicales para poner fin a los abusos contra los obreros de
empresas
privadas y multinacionales. En primer término se trata de
organizar nuevos
sindicatos en las empresas donde no existen. El número de
afiliados aumentó
desde 130 millones en 2003 a 170 millones en 2007.(16) Una
Comisión
parlamentaria denuncia que más del 90% de las empresas
multinacionales no
permitía la existencia de sindicatos. Resultó
emblemático el que Wal Mart la
transnacional que emplea 30.000 trabajadores en China fuera obligada a
aceptar
su sindicalización. En Enero 2008 fue promulgada una nueva
ley laboral - “una
de las de más largo alcance en el mundo”,
según The Economist,- que amplía y
garantiza los derechos de los trabajadores.
Otra
de las prioridades
actuales es la lucha contra la corrupción, la cual se ha
intensificado en los
últimos años. Según el corresponsal de
La Vanguardia, Rafael Poch en 2006 los
tribunales condenaron a 83.000 funcionarios por haber aceptado
sobornos, entre
ellos el presidente de la provincia de Guizhou y un vicepresidente de
la Corte
Suprema . Un cierto número de los primeros multimillonarios,
algunos listados
por Forbes, se encuentran en la cárcel por enriquecimiento
ilícito. Entre los
dirigentes políticos el caso más sonado en el
último tiempo fue el del ex
alcalde de Shanghai y miembro del Buró Político,
Chen Liangyu, expulsado del
PCCH en 2006, enjuiciado y encarcelado por numerosos delitos como
contratos
ilícitos, tráfico de influencias y
sobornos, todo lo cual repercutió en cambios en
el desarrollo de
Shanghai, criticado por el derroche, y el consumismo exacerbado.(17)
A
modo de conclusión
“China
se ha convertido
objetivamente en la más prometedora esperanza y el mejor
ejemplo para todos los
países del Tercer Mundo” dijo Fidel Castro durante
la visita del Presidente Hu
Jintao a Cuba en 2004. Al otorgársele la
condecoración José Martí por la
“inquebrantable determinación de lucha por el
socialismo” del PCCH y del
gobierno chino, el texto destacó el apoyo
mutuo y la colaboración estrecha entre los dos
países. El texto recalcó también
que la experiencia china había demostrado que cada
país debía adaptar su
estrategia y objetivos revolucionarios, a las particularidades de cada
nación.
Aún
es temprano para
juzgar “quien vencerá a quien” como
decía Lenin al fundamentar su marcha de
largo plazo al socialismo, con el apoyo de un sector capitalista. El
PCCH
admite que sólo se encuentra en “la fase primaria
del socialismo”. Lo que significa
un largo camino por delante. Pero el viraje del último
tiempo en dirección, no
en aras del mero crecimiento, sino hacia la “sociedad
armoniosa”, “la
centralidad del ser humano”, “el desarrollo
sostenible” y “la prosperidad
común”, es aprobado ampliamente por el pueblo
chino.
En
efecto, la encuesta
mundial entre 24 naciones de la agencia PEW realizada en 2008
reveló que los
chinos expresaron el nivel más alto de apoyo por la
dirección en que estaban
encaminados: el 86%. Además, dos de cada tres respondieron
que el gobierno
estaba haciendo una buena labor en los asuntos que a ellos les
importaban.(18)
NOTAS
(1)
70 Years of
Progress, p 46, New Star Publishers, 1991, Beijing.
(2) Peter Franssen Le
Developpement du
socialismo en Chine, en “Ou va la Chine,?”
pág 46, Etudes Marxistes, 2007, No
78 Bruxelles, Belgique.
(3) Ver “Rusia y
China comparadas”.
(4) Ou va la Chine?, pag 59.
(5) Ou va la Chine?
(6)Comité Central
del PCCH. Resolución sobre
algunos problemas en la historia del PCCH, 1981.
(7)
FMI, Panorama
Económico Mundial, Abril 2009, El Mercurio, 23 de Septiembre
de 2009.
(8)Marc
Vanderpitte,
China e India, una comparación. En Rebelion.org, 19 Enero,
2005
(9)Marc
Vanderpitte,
op,cit.
(10)
Ou va la Chine, pag
76)
(11)
Los datos y
estadísticas de este acápite provienen de la
publicación ya citada “Ou va la
Chine”, pgs 76 y siguientes.)
(12)
Pablo Bustelo, Sobre
el 11o Plan Quinquenal chino. Real Instituto Elcano, España.
Realinstitutoelcano.org/análisis, 830,asp
(13)www.worldwide-tax.com/china/china-tax.asp)
(14)
Michael Dooley,
Santa Cruz, Universidad de California, entrevista, en La Tercera,
Santiago, 2
de Marzo 2008)
(15)
Diario del Pueblo,
17 de Septiembre 2007
(16)
Ou Va la Chine?,
pag 103
(17)
Wall Street
Journal, reproducido en El Mercurio, 18 Febrero 2007)
(18)
Jane Macartney, The
Times, en El Mercurio, 30 de Septiembre
2009.
José
Cademartori,
Economista.
Miembro
del Consejo
Editorial de Crónica Digital
Exministro
de Economía
del Gobierno de Salvador Allende.
Santiago
de Chile, 2 de
octubre 2009
Fuente:
Crónica Digital
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