| ELLOS SON!: LOS AMOS DE LA S.I.P. |
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| Escrito por Yaifred Ron | ||
LOS
DUEÑOS DE TU MENTE: ¿Crispación?
¿Violencia? ¿Censura? ¿Organizaciones
sociales armadas? ELLOS
SON!: LOS
AMOS DE LA S.I.P. Normalmente,
los grupos mediáticos hablan de la SIP
(Sociedad Interamericana de Prensa) como si fuera un organismo
consultivo
válido, una organización internacional como la
ONU, la OEA o una ONG de
derechos humanos que defiende la "libertad de prensa". Nada de eso.
La SIP es un cartel de los grandes dueños de medios de
comunicación del
continente, un conglomerado de empresarios mediáticos que
nació en el marco de
la 2ª Guerra Mundial y se moldeó al calor de la
Guerra Fría, para protagonizar
una historia de defensa de intereses oligopólicos, alianza
con los poderes
imperiales y atentados contra la soberanía de los pueblos
latinoamericanos. Por:
Yaifred Ron
La
acción de la SIP, en ese sentido, está
debidamente documentada y se ha basado en el empleo de esquemas de
desestabilización que, al resultar exitosos, han sido
repetidos y son repetidos
todavía hoy, en toda la región latinoamericana.
En estas páginas reunimos
algunos ejemplos, estudiados por periodistas latinoamericanos, de
cómo este
grupo de propietarios de los medios ha implementado una
tradición de presión
contra gobiernos democráticos, con resultados nefastos. Presentamos
aquí los orígenes de la organización
empresarial y su vinculación temprana con la
Agencia Central de Inteligencia
(CIA), así como casos puntuales de desarrollo de propaganda
negra por parte de
la SIP contra los gobiernos que han promovido la libertad y progreso de
sus
pueblos, en contraste con el silencio y la complicidad mostrados con
regímenes
dictatoriales de la región, disimulando incluso el
encarcelamiento y
asesinato de periodistas. En
la última parte, intentamos exponer las
manipulaciones que han permitido a la SIP no sólo continuar
usurpando la
representación del periodismo en la región, sino
también abrogarse derechos que
corresponden a las organizaciones sociales y no sólo a un
puñado de poderosos
propietarios de los medios. Para ello, hemos contado con la
guía de dignos
periodistas latinoamericanos que han luchado por rasgar las
máscaras del poder
mediático y han denunciado las perversiones de la
actuación de la SIP, que han
colocado a la gran prensa a espaldas de los pueblos. Esperamos
que este sea un aporte, entre muchos
otros, al desarrollo de la necesaria conciencia crítica en
contra de las
manipulaciones y desinformaciones de los amos de la prensa. La
SIP y el panamericanismo imperial El
germen de la Sociedad Interamericana de Prensa
(SIP) hay que buscarlo en el concepto del panamericanismo. Pero no en
el
panamericanismo bolivariano del Congreso Anfictiónico de
Panamá, sino en el
panamericanismo imperial. En
la primera conferencia panamericana, celebrada
en Estados Unidos (EEUU), en 1889, se moldeó un aparataje
orientado a organizar
reuniones de gobiernos, con la intención, según
sus creadores, de incentivar la
comunicación y la colaboración entre los
países, en condiciones de igualdad.
Sin embargo, estas reuniones respondían en realidad a la
preocupación de
Estados Unidos por delinear las manifestaciones de control imperial, en
vinculación con las oligarquías locales. Este
panamericanismo, de hecho, es entendido como
una continuación de la famosa Doctrina Monroe de 1823,
impuesta bajo el lema
América para los americanos, a través de la cual
Estados Unidos declaraba que
no permitiría a ninguna potencia no americana intervenir en
el continente. Bajo
tal signo ideológico, fueron celebradas estas
conferencias en distintos países de la región y
en 1923, en la Quinta
Conferencia Panamericana, en Santiago de Chile, se planteó
la necesidad de
organizar una reunión sobre la prensa. Esa
primera conferencia sobre la prensa se realizó
finalmente en Washington, tres años después, y
aun cuando los historiadores
oficiales de la SIP insisten en señalar que se trataba de un
congreso de
periodistas, era esencialmente una reunión de empresarios.
Así lo resalta el
investigador Juan Gargurevich, en su libro A golpe de titular. CIA y
periodismo
en América Latina, cuando afirma que aquella era la primera
vez que se reunían
tantos propietarios de periódicos de América
Latina. No está de más recordar
que los temas tratados por las diferentes mesas (de la conferencia) no
incluyeron los problemas de los periodistas mismos. A los
norteamericanos les
interesaban los dueños, no los empleados, escribe
Gargurevich. Luego
de esta conferencia inicial, se continúa
efectuando reuniones en varios países, sin concretarse la
creación de la
organización, hasta que en 1943, en La Habana, tiene lugar
la conferencia que
funda la SIP. En
ese momento gobierna en Cuba el famoso tirano
Fulgencio Batista. El planeta estaba estremecido por la Segunda Guerra
Mundial,
y Estados Unidos y la Unión Soviética
hacían sociedad para derrotar el
fascismo. Este clima histórico, permeado por la existencia
de un frente
antifascista, permite que al fundarse la SIP se incluyan entre sus
miembros,
aunque de manera minoritaria, algunas publicaciones progresistas y de
izquierda, entre ellas, el órgano de prensa del Partido
Comunista cubano, el
diario Noticias de Hoy, fundado en 1938. Desde
esa primera reunión de la SIP, las voces
minoritarias progresistas intentan impulsar la unidad de los
trabajadores de la
prensa en la región y asumen el papel de denunciantes, en
contra del papel
jugado en América Latina por las grandes agencias de
noticias, que actúan como
reproductoras del mensaje imperial. Sin
embargo, la historia cambia al finalizar la
guerra. Ya en 1947, ha comenzado la Guerra Fría que enfrenta
a los antiguos
aliados -EEUU y Unión Soviética- se perfila el
maccartismo en Estados Unidos y
se crea en ese año la Agencia Central de Inteligencia (CIA),
hecho que tendría
un papel fundamental en lo que el periodista cubano Ernesto Vera llama
el golpe
CIA-SIP[1]. Este
golpe se consuma en el año 1950 y fue
promovido un año antes en Quito, en el V Congreso
Interamericano de Prensa, por
la delegación estadounidense, integrada por tres personajes
claves: un
representante del Departamento de Estado, Tom Wallace, y dos altos
oficiales de
la CIA, Joshua Powers y Jules Dubois. El trío era encabezado
aparentemente por
Wallace, pero en realidad el personaje central, como se
demostraría luego, fue
siempre Dubois, quien coordinó durante 15 años
después la labor de la CIA-SIP
en América Latina. Este
trío plantea en Quito que la próxima
reunión
de la SIP tenga lugar en Estados Unidos, ya que los anteriores
encuentros
habían tenido como sede capitales latinoamericanas:
México, La Habana, Caracas,
Bogotá y Quito. Un grupo de latinoamericanos, entre ellos el
periodista peruano
Genaro Carnero Checa, se levantó contra la idea de escoger a
Estados Unidos
como país sede, asegurando que la discriminación
racial y política en ese país
no permitía que existieran las garantías
necesarias para celebrar allí un
Congreso. La
delegación norteamericana, luego de aceptar que
la discriminación en su país era bochornosa, se
comprometió a brindar las
seguridades para la participación de todos los delegados,
con independencia de
sus ideas políticas. Finalmente, la propuesta se impuso y se
aprobó que la
reunión del año siguiente se realizara en Nueva
York. Al
regresar a Estados Unidos, Wallace entregó un
informe al Departamento de Estado, titulado Background of previous
Interamerican Press Meeting, en el cual queda al descubierto la
maniobra. En
ese documento, Wallace resaltaba que en la reunión de Quito
habían alcanzado el
éxito en los dos objetivos planteados por la
delegación norteamericana:
trabajar por una nueva constitución de la
organización original y procurar que
la próxima reunión se hiciera en suelo
estadounidense bajo los auspicios
privados de las publicaciones de Estados Unidos: Tuvimos
éxito en ambos propósitos sin tener que
provocar la creación cismática de otra
organización y dejar de esa manera en
descubierto que la prensa de Estados Unidos había tenido que
provocarla por no
poder controlar la organización, explicaba Wallace a sus
jefes, en el informe
citado por Gargurevich. De esta manera, había comenzado a
gestarse el secuestro
de la organización. Las
historias del tesorero Según
la historia oficial de la SIP, 1950 fue el
año más importante para la
organización. Fue precisamente en ese año cuando
se
refundó la SIP y quedó conformada tal y como la
conocemos ahora, sin la
participación de las pocas publicaciones progresistas que
inicialmente habían
sido incluidas en la Sociedad. A partir de ese año, se hacen
claros los
objetivos que la CIA conferirá al funcionamiento de la SIP
en América Latina. Pese
a las garantías ofrecidas en Quito, los
representantes de los órganos de prensa progresistas no
fueron invitados a la
reunión de ese VI Congreso Interamericano de Prensa. A
algunos se les negó la
visa de entrada a Estados Unidos bajo la acusación de ser
comunistas. Cuando se
quejaron ante los organizadores, Wallace les ignoró,
indicándoles que la visa
había sido negada por el gobierno y por lo tanto
debían quejarse ante el
gobierno. Hubo
incluso quienes llegaron hasta el aeropuerto
de Idlewild, sólo para ser detenidos y devueltos por las
autoridades de Estados
Unidos, previo interrogatorio del FBI. Tal fue el caso del cubano
Carlos Rafael
Rodríguez, quien representaba al periódico
Noticias de Hoy, pero era además el
tesorero de la SIP, reelecto por tercera vez consecutiva, y por esta
misma
condición viajaba con pasaporte especial. En
una narración sobre este suceso, titulada
Crónica de una New York entrevista, Rodríguez
cuenta cómo fue retenido en Ellis
Island, tildado de peligroso por su ideología, considerado
inadmisible en
Estados Unidos, ignorado por la comisión organizadora del
congreso y depositado
por el FBI en una aerolínea venezolana que lo
devolvería a Cuba. En esa
crónica, Rodríguez describía con
detalles las razones por las cuales a los
gestores de la nueva SIP no les interesaba su presencia: «¿Por
qué
se me excluyó del Congreso? »Se
sabía muy bien que yo iba a New York a
denunciar todos los casos de violación de la libertad de
prensa en América. Los
organizadores norteamericanos obrando al dictado de Washington,
querían
condenar sólo a un grupo, cargando la mano a aquellos
gobiernos que no tienen
el beneplácito del State Departament. Para mí
Videla es igual a Perón, y la
Junta Militar Venezolana no es menos culpable que Prío. »En
segundo término se temía -y hacían
bien en
temerlo- que yo utilizara la tribuna del Congreso para protestar contra
la
vergonzosa intromisión del embajador de Estados Unidos en
México, Mr. Thurton,
en la libertad de prensa mexicana, a la que pretendió dictar
una política de
sometimiento a los intereses de Washington. »Estos
hechos han sido denunciados por el ilustre
periodista don Martín Luis Guzmán y por
más de sesenta escritores mexicanos. »Por
último no se quería que yo pusiera de nuevo en
debate la tesis mantenida en Quito: la libertad de prensa en Estados
Unidos no
es más que formal. En el fondo la prensa norteamericana es
un instrumento
monopolista de las grandes empresas. Estas son las conclusiones a que
arribó
desde 1947 una comisión de expertos nombrada por la
Universidad de Chicago, y
pagada por el ultraconservador Henry R. Luce, de la revista Time, y por
la
Enciclopedia Británica. Cuando dije estas cosas en Quito,
Mr. Tom Wallace -que
presidió el Congreso de New York- me contestó
airado que quienes tal cosa
decían eran un manojo de tontos. De esa manera calificaba
nada menos que a
Robert Hutchins, canciller de la Universidad de Chicago; a Archibald
Mc. Leish,
subsecretario de Estado; al profesor de Economía en
Columbia, John M. Clark; al
profesor Arthur M. Schlesinger, de Harvard, y a otros conocidos
intelectuales
yanquis. Pero, como le repliqué a Mr. Wallace: puede
pensarse que los
investigadores universitarios son tontos; sin embargo, aunque sabemos
que en el
Senado de Estados Unidos hay una buena dosis de tontos, no son tantos
como para
formar mayoría. Y fue la mayoría la que en el
informe de la Small Plants
Comité, corroboró las ideas de que son verdaderos
monopolios los que rigen la
prensa americana. »Para
impedir que se plantearan estas cosas se me
retuvo en Ellis Island. Pero además, los organizadores
yanquis tenían un
propósito adicional. Pensaban dar -y dieron- un golpe de
estado. Reformaron los
Estatutos de la SIP de modo ilegal. Establecieron -arbitrariamente- el
voto por
publicaciones dando una artificial mayoría norteamericana.
Arrebataron a Cuba
la sede permanente de la Sociedad para radicarla en New York. Han
destruido, en
resumen, la Sociedad Interamericana de Prensa como entidad
independiente,
transformándola en un simple aparato político al
servicio de los objetivos
internacionales de Estados Unidos. Para hacer esto les estorbaba la
presencia
de algunos delegados. Yo les resultaba especialmente indeseable.
(Rodríguez,
1950).» En
efecto, antes de la conferencia del año 50, los
estatutos de la SIP estipulaban que cada país
tenía un voto dentro de la
Sociedad, independientemente de la cantidad de órganos de
prensa afiliados. El
cambio de estatutos permitió tumbar el esquema un
país, un voto y sustituirlo por
cada publicación, un voto. En
un intento por maquillar este golpe, la historia
oficial de la SIP señala que hasta ese año, las
conferencias de la organización
se celebraban bajo los auspicios del gobierno del país
anfitrión, con lo cual
las delegaciones se limitaban a sentarse y a votar por
países, y los miembros
no siempre eran periodistas. De acuerdo al lenguaje oficial, fue
entonces para
evitar estos patrocinios y hacerse independiente que se tomó
la decisión de
modificar los estatutos. Sin embargo, lo cierto es que en
términos prácticos
Estados Unidos pasó de un voto a 424 y se alzó
con la mayoría[2]. Es de suponer
que estos 424 votos componen el pequeño grupo de editores y
directores de
periódicos estadounidenses que se habían sumado a
la SIP en 1946, de acuerdo
con los historiadores oficiales de la patronal. Es
por ello que Vera, en una entrevista ofrecida
recientemente insiste en que, desde 1950 hasta nuestros
días, hay una libertad
de prensa secuestrada por el poder del dinero, de los recursos, y
lógicamente
sobre la base de una estrategia imperial: Por eso digo que hay una
mentira
organizada y hay una verdad dispersa. Hay una mentira organizada,
porque hay
una estrategia imperialista y no hay una verdad organizada porque no
tenemos
todavía una estrategia antiimperialista. Eso funciona
milimétricamente. Voces
dignas contra la SIP El
golpe CIA-SIP generó malestar en Latinoamérica.
Mientras la SIP repetía que representaba a los periodistas,
cada vez se hacía
más evidente el perfil de la organización,
integrada por los grandes medios
impresos conservadores de la región -marcadamente
proestadounidenses- y guiada
por intereses imperialistas y empresariales, pero no
periodísticos. Este
malestar incubado en América Latina se puso de
manifiesto en la conferencia siguiente, celebrada en 1951 en
Montevideo,
Uruguay, donde representaciones del país
anfitrión, Brasil, Chile, Perú y
Argentina proclamaron su abandono de la SIP y suscribieron el Acta de
Montevideo, en la que denunciaban que los propietarios de los medios se
habían
abrogado la función de determinar donde había o
no libertad de prensa, cuando
los que tienen derecho a ello, además de la sociedad, son
los periodistas. Tras
manifestarse en contra de este secuestro, el
Acta de Montevideo indicaba que era preciso el nacimiento de una
organización
que agrupara verdaderamente a las asociaciones de periodistas, a fin de
evitar
que sus funciones siguieran siendo usurpadas por los dueños
de los grandes
medios[3]. En
su libro Breve historia de la SIP[4], el
periodista Gregorio Selser registra entre las voces que se alzaron
contra la
SIP en 1951 al escritor y periodista venezolano Miguel Otero Silva,
propietario
de El Nacional de Caracas. En esa ocasión, Otero Silva
reclamó que el cambio de
estatutos aprobado en Nueva York violaba las normas más
fundamentales de la
organización, dándole el carácter que
ahora tiene: una entidad exclusivamente
patronal de intercambio comercial, estrictamente controlada por los
vendedores
de papel, las agencias noticiosas y los buscadores de avisos que
residen en
Estados Unidos. Nada más inoportuno en ese ambiente que un
periodista. Otero
Silva denunció además como tendencioso un
informe de la SIP en el cual mientras se le dedicaba 80 ó 90
por ciento de su
contenido a relatar minuciosamente los atropellos cometidos por
Perón contra la
libertad de expresión, se tendía un piadoso y
cómplice manto sobre las
dictaduras latinoamericanas. En
ese mismo informe, continuaba Otero Silva,
aparecía el tirano nicaragüense Anastasio Somoza
como un ángel tutelar de la
libertad de pensamiento y se colocaban como arquetipos de la democracia
al
chileno González Videla y a los dictadores bolivianos.
Mientras tanto, daba
vergüenza ver en aquella asamblea de Montevideo a los esbirros
intelectuales de
Rafael Leónidas Trujillo bramando en la tribuna para decir
que Perón era un
tirano y que en su país, en cambio, se disfrutaba de una
absoluta libertad de
pensar, afirmaba indignado el escritor venezolano. En
este libro de Selser, citado por el periodista
José Steinsleger, aparece otro testimonio de denuncia contra
la SIP,
proveniente de sus propias filas. De acuerdo con Selser, en 1958 uno de
los ex
presidentes de la SIP, el mexicano Miguel Lanz Duret (1909-1959),
director de
El Universal, renunció a la organización cuando
supo que la SIP había
solicitado su inscripción como corporación, dando
como sede la ciudad de Dover,
en Estados Unidos. Con esta acción, para Lanz Duret, la SIP
iría a depender, a
todos los efectos jurídicos y legales, de las leyes
norteamericanas, desmintiendo
así su supuesta independencia y desvirtuando en los hechos
la recomendable
extraterritorialidad que le confería, por ejemplo, una sede
anual móvil,
distinto de la norteamericana. Más
recientemente, en el año 2000, una posición
similar tuvo que ser adoptada por el diario uruguayo La
República y la revista
Posdata, los cuales hicieron pública su renuncia a la
organización empresarial,
al enterarse que el antiguo director de prensa de la dictadura militar
en ese
país (1973-1985), Danilo Arbilla, había sido
nombrado presidente de la SIP. La
carta de renuncia a la SIP, firmada por el
director de La República, Federico Fasano Mertens, y fechada
el 24 de octubre
de 2000, reprochaba que la designación de Arbilla como
presidente de una
entidad que tenía entre sus principales objetivos declarados
defender la
libertad de prensa, constituía un insulto a la conciencia
democrática de los
pueblos americanos. Su designación al frente del organismo
que pretende velar
por la libertad de prensa equivale a poner al zorro a cuidar el
gallinero. Por
todo lo antes dicho, el diario La República tiene el alto
honor de renunciar,
formal y públicamente, como miembro de esta Sociedad
mientras el impostor
continúe a su frente, concluía la misiva. Mis
amigos,
los dictadores Como
dice el periodista cubano Ernesto Vera, el
terrorismo mediático tiene muchas manifestaciones. Aunque la
mayoría de las
veces se manifiesta en la acción de la SIP y sus afiliados,
en no pocas
ocasiones se manifiesta en la omisión. Los silencios de la
SIP son igual de
elocuentes, sobre todo cuando cubren sus alianzas con
regímenes dictatoriales. En
el año 2005, este denunciado ex presidente de la
SIP, Danilo Arbilla, cargó contra el gobierno del entonces
presidente Néstor
Kirchner, a quien acusó de "manejar la publicidad de manera
selectiva" y "tratar con desconsideración" a los medios de
comunicación. Kirchner refrescó entonces el
historial de Arbilla y recordó
además al subdirector del diario argentino La
Nación, Claudio Escribano, su complacencia
con las atrocidades cometidas en Argentina durante la dictadura militar
en ese
país. Esta
vinculación de los dueños de la gran prensa
con los regímenes dictatoriales latinoamericanos ha sido
suficientemente
documentada y citada en numerosas ocasiones, para demostrar que las
preocupaciones de la SIP no se dirigen a la defensa de las libertades,
sino a
la preservación de intereses empresariales y
oligárquicos. En
el caso Arbilla, éste había sido jefe de prensa
de la última dictadura militar en Uruguay, que
torturó y asesinó a ciudadanos
uruguayos. De acuerdo al diario uruguayo La República,
Arbilla fue designado en
el cargo por el presidente Juan María Bordaberry y
continuó desempeñando esas
funciones luego de que el mandatario eliminara las instituciones
republicanas
contando con el respaldo militar, e incluso después de
instaurada plenamente la
dictadura. Así,
el diario recuerda que Arbilla fue cómplice
del decreto presidencial del 27 de junio de 1973 que
prohibía expresamente la
divulgación por la prensa de todo tipo de
información que "directa o
indirectamente mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente
decreto
atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o
pueda perturbar la
tranquilidad y el orden públicos"; durante su
gestión entre 1973 y 1976,
se clausuraron 173 medios de comunicación -14 de estas
clausuras fueron
definitivas- y se intervino la Asociación de la Prensa
Uruguaya (APU), la
organización sindical de los periodistas. También
fue desaparecido el
subdirector del semanario Marcha, Julio Castro, y fueron encarcelados y
torturados decenas de periodistas. Un
personaje parecido, el dominicano Germán Ornés,
era el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la
SIP que dirigía
cartas preocupadas al presidente chileno Salvador Allende por falsas
violaciones a la libertad de prensa. Este mismo Ornés fue
señalado por
investigadores de distintas nacionalidades de haber actuado como
adulador del
dictador de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo. Otro
ejemplo de la actuación de la SIP frente a las
dictaduras lo encontramos en sus denuncias en el año 1974,
cuando de acuerdo
con la organización empresarial el peor enemigo de la
libertad de prensa en el
continente era el gobierno nacionalista peruano de Juan Velasco
Alvarado,
debido a las medidas de expropiación de la gran prensa.
Mientras tanto, la
brutal represión y el amordazamiento en las dictaduras de
Chile, Argentina y
Uruguay eran prácticamente ignorados por los amos de la
prensa. Los
golpes
de la SIP En
paralelo a su relación con gobiernos
dictatoriales, la historia del cartel de la gran prensa americana
registra un
buen número de agresiones en contra de gobiernos
constitucionalmente
constituidos, en consonancia con los intereses imperialistas en la
región. En
este sentido, Gargurevich destaca la temprana conformación
de un eje CIA, SIP y
agencias de noticias, como parte de la estructura de
dominación estadounidense,
formando un poderoso aparato para los planes desestabilizadores en
América
Latina[5]. Quizás
el caso más emblemático de acción
desestabilizadora de la SIP, haya sido el de su campaña de
propaganda sucia
contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, derrocado en 1973 por
la
combinación de fuerzas reaccionarias chilenas y la CIA, a
partir de la
implementación de una fuerte guerra psicológica. El
periodista chileno Hernán Uribe asegura que a lo
largo de toda la historia de Chile, no hubo un período en el
que reinara una
libertad informativa de tal magnitud que incluso cayó en el
libertinaje y en
claras violaciones a la ética profesional, como en el
período presidencial de
Allende. El propio presidente Allende, en 1970, declaró a la
agencia Prensa
Latina que su gobierno estaría a favor de una irrestricta
libertad de prensa,
pero también propiciaría que todos los actores
sociales y corrientes
ideológicas tuvieran acceso a la opinión. "Actualmente,
esos derechos están consagrados
formalmente, pero su ejercicio en la práctica aparece
restringido a sectores
minoritarios que tienen una situación prominente desde el
punto de vista
financiero", señalaba Allende, según un recuento
hecho por el también
periodista Ernesto Carmona. Sus palabras, obviamente, no
podían gustar a los
magnates mediáticos. Menos cuando Allende apuntaba hacia un
tema central, al
indicar que los medios en los regímenes capitalistas se
convierten no en
instrumentos de información, sino en instrumentos de
desinformación de los
intereses populares. Guiados
por la CIA, los medios opositores chilenos,
con el diario El Mercurio a la cabeza, no podían responder a
la petición de
Allende de informar en forma objetiva y mantener con
hidalguía sus puntos de
vista. Por el contrario, se dedicaron a difundir falsedades y a
intentar dar
una imagen de persecución a la prensa, echándole
leña al fuego en el que cocinarían
la dictadura pinochetista. De allí que Allende reclamara, el
12 de febrero de
1973: "Nos hemos visto obligados a señalar la falta de
autoridad moral y
el interés tergiversado de aquellos que se cobijan en la
Sociedad
Interamericana de Prensa. No nos inquieta la crítica. No
sólo la aceptamos,
sino que la reclamamos". Uribe
resalta también que fue la CIA la encargada
de manejar a la gran prensa chilena y a los afiliados de la SIP en una
campaña
de propaganda negra contra Allende, hecho corroborado por papeles
desclasificados en Estados Unidos. En este marco, el diario El
Mercurio,
propiedad de Agustín Edwards, quien fungía como
vicepresidente de la SIP,
recibió los dólares suficientes para su
campaña contra Allende, y llegó incluso
a dejar de circular durante un día, alegando amenazas, "con
el objetivo de
armar un escándalo desinformativo que clamara `por el
cierre' de El
Mercurio". De
acuerdo con el periodista chileno, las falacias
fueron tales que la campaña denunciaba que se
agrediría a la prensa cortándole
el suministro de papel, cuando en realidad el gobierno no
tenía relación en el
negocio del papel, pues el productor monopólico de ese
elemento era una empresa
privada. En
la investigación realizada por Gargurevich, se
demuestra que esta campaña de desestabilización
en el Chile de Allende incluía
el deterioro de la imagen del gobierno de la Unidad Popular, tanto
interna como
externamente. Ese "frente externo" estaba conformado por los diarios
miembros de la SIP. Las noticias eran redactadas por la CIA, difundidas
por las
grandes agencias de prensa y publicadas por los afiliados sipianos. La
SIP llegó incluso a reunirse en Santiago de
Chile en octubre de 1972, reunión a la cual Allende no se
negó, a pesar de la
oposición de diversos sectores chilenos, conocedores de las
intenciones de la
organización. Aquella reunión en la que de nuevo
se "defendía la libertad
de prensa" tuvo, por supuesto, una amplia repercusión
mediática. El
trabajo de la SIP y sus asociados en el
derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, ocurrido en
1954,
también ha sido develado por documentos de la CIA,
desclasificados en 1999, y
recogidos en el libro La CIA en Uruguay del historiador Roberto
García[6]. La
investigación histórica hecha por
García prueba
que las prioridades propagandísticas establecidas por la CIA
en contra de
Arbenz eran de inmediato reflejadas por la prensa de derecha de
Uruguay. Medios
como El País y El Día publicaban editoriales
sobre la "infiltración
comunista" elaborados por la CIA, incluso con errores de
traducción del
inglés y descaradamente destacados por ambos
periódicos con un solo día de
diferencia. Las
pruebas se encuentran en documentos como
"CIA, Guatemala General Plan of Action" (Doc. Nº
135875, 12 November
1953), que establece los contenidos esenciales del plan de
desinformación
continental contra Arbenz; y "CIA, Hemisphere Support of PBsuccess"
(Doc. Nº 913376, 16 February 1954), que detalla los apoyos
hemisféricos para el
plan de desinformación. Toda
esta operación estaba coronada por la
infaltable denuncia de la SIP sobre violación a la libertad
de prensa en
Guatemala. En su publicación oficial "Press of the Ameritas"
(Num.
25, Vol. 1, marzo 1º de 1954), la SIP apoyaba sus
preocupaciones en una
conferencia de prensa ofrecida por Jules Dubois, presidente del
Comité de
Libertad de Prensa de la SIP, luego que el presidente Arbenz alertara
que la
prensa estaba fomentando una intervención extranjera en su
país. De
la misma manera, Gargurevich establece en su
investigación los paralelismos entre la operación
puesta en marcha para
derrocar a Allende en Chile con la campaña que
logró la derrota del primer
ministro de Jamaica, Michael Manley, en las elecciones de octubre de
1980,
acusadas de fraudulentas. Manley había sido
señalado por Estados Unidos de
inclinarse hacia el comunismo -con todo lo que eso significaba en el
marco de
la Guerra Fría-, tras establecer relaciones
diplomáticas con Cuba, sumarse a
los no alineados, elevar los impuestos a empresas transnacionales y
declarar
que su país se encaminaba hacia un socialismo
democrático. En
este caso, el papel que jugó El Mercurio en
Chile fue adjudicado a The Daily Gleaner, que en 1979 fue acusado por
la
Asociación de Prensa de Jamaica de asumir una conducta no
profesional, y cuya
feroz campaña contra el gobierno de Manley fue ampliamente
reproducida por los
diarios afiliados a la SIP. Es
conocida también la vinculación CIA-gran prensa
contra el gobierno sandinista en Nicaragua, denunciada en 1981 por los
periodistas nicaragüenses; y en general contra los gobiernos
nacionalistas,
socialistas, progresistas en la región que tomen medidas que
puedan afectar a
los intereses de las oligarquías locales y de Estados Unidos. La
propaganda negra continúa Luego
de probar con éxito estos esquemas de
propaganda negra contra gobiernos democráticos y populares,
el eje CIA-SIP
continúa aplicándolos en América
Latina, siendo obvia su utilización en el caso
de Cuba, Argentina, con la presidencia de Néstor Kirchner y
Cristina Fernández
de Kirchner; Bolivia, con el gobierno de Evo Morales; Ecuador, con el
presidente Rafael Correa; y Venezuela, con la Revolución
Bolivariana impulsada
por el presidente Hugo Chávez. En
el año 2005, el ex presidente de la SIP, Danilo
Arbilla, denunciado por su vinculación con la dictadura
uruguaya, cargó contra
el gobierno del presidente Néstor Kirchner, al cual
acusó de "manejar la
publicidad de manera selectiva" y "tratar con
desconsideración"
a los medios de comunicación. La queja de Arbilla iba
dirigida a la disposición
del gobierno argentino de distribuir la publicidad oficial con criterio
de
equilibrio, entre los medios pequeños, medianos y grandes. Contra
Evo Morales, en el año 2006, la SIP
señaló
que en Bolivia estaba en peligro la libertad de prensa ante el
propósito de
apoyar la formación de una red de medios comunitarias, a
pesar de que estos
medios constituyen una herramienta para la democratización
de las
comunicaciones, a través de la gestión de las
propias comunidades. En
cuanto al gobierno de Rafael Correa, el
periodista ecuatoriano Alberto Maldonado ha denunciado que la SIP ubica
al
presidente Correa como "hostil a la prensa", sólo por sus
expresiones
para calificar a determinados medios y representantes de la prensa,
frente a
acusaciones y calificativos que estos han usado en su contra sin
ninguna
discreción. Sobre
Venezuela, la SIP ha vertido numerosas
acusaciones a lo largo del gobierno del presidente Hugo
Chávez, reiterando el
modelo de propaganda negra, según el cual estaría
en peligro la libertad de
expresión. En
el caso de la aprobación de la Ley de
Responsabilidad Social en Radio y Televisión -conocida como
Ley Resorte- en el
año 2004, la SIP, fiel a su precepto de que "la mejor ley de
prensa es la
que no existe", afirmó que esta legislación
estimulaba la censura previa,
cuando en realidad buscaba promover el derecho del pueblo a una
información
oportuna y veraz. Sin embargo, en abril de 2002, la SIP
avaló el golpe de
Estado contra el gobierno legítimo de Venezuela y no se
pronunció sobre el
black out informativo de los canales privados el 13 de abril, ni sobre
el
cierre de Venezolana de Televisión durante el
efímero gobierno de facto. Por
otra parte, el lazo de la patronal de la prensa
con los intereses de Estados Unidos ha quedado de nuevo en evidencia,
como lo
destaca Steinsleger, cuando el 13 de octubre de 2003, la entonces
consejera de
seguridad nacional, Condoleezza Rice, ordenaba en teleconferencia a la
Asamblea
General de la SIP, apoyar al gobierno de Gonzalo Sánchez de
Losada, cuya
dimisión pedían los bolivianos luego de una
intensa represión policial. La
SIP
defiende el viejo orden La
Sociedad Interamericana de Prensa no sólo ha
desatado campañas en contra de gobiernos
legítimos, sino que ha tocado también
a organizaciones internacionales del propio sistema de Naciones Unidas,
que se
han puesto al lado de los pueblos latinoamericanos en la lucha por la
democratización de las comunicaciones. Así
ocurrió en los años setenta contra
la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la
Cultura (Unesco), cuando ésta promovía el derecho
de los Estados a establecer
políticas comunicacionales. En
esa década, los países no alineados iniciaron un
ágil movimiento exigiendo la creación de un Nuevo
Orden Económico Internacional
(Noei) que superara las injusticias del orden que prevalecía
hasta el momento.
Aparejado a este Noei, el Movimiento de los No Alineados, en su
Declaración de
Argel de 1974, proclamó la necesidad de un Nuevo Orden
Mundial de la
Información y la Comunicación (Nomic), que
contribuyera a la democratización de
las comunicaciones, utilizando entre otras fórmulas, la
definición de políticas
nacionales de comunicación. Denunciaba el Noal al sistema
informativo existente
como un instrumento de dominación. La
respuesta de Estados Unidos contra esta
propuesta fue inmediata y constituyó una cerrada defensa a
la doctrina del
libre flujo de la información[7], en lo cual de nuevo la SIP
actuó como su
aliada. A esa doctrina, los países del llamado Tercer Mundo
oponían la
exigencia de un flujo equilibrado, a través de la
reestructuración de los
sistemas de información y comunicación, contra la
unidireccionalidad de los
mensajes y la concentración mediática. Las
denuncias contra ese "libre flujo"
encontraron una aliado en el informe "Un solo mundo, voces
múltiples",
presentado en 1980, resultado del trabajo de una comisión
nombrada por la
Unesco y presidida por el Premio Lenin y Premio Nobel de la Paz, Sean
MacBride.
En ese documento, conocido como Informe McBride, se exponía
el desequilibrio
del flujo informativo y se planteaba la necesidad de mayor justicia en
el
intercambio de información, así como de menor
dependencia en relación a las
corrientes de comunicación. La
SIP se convirtió en una de las más feroces voces
opositoras al Nomic y a la implementación de
políticas nacionales de
comunicación (PNC), en una actitud reaccionaria de lucha
contra cualquier
posibilidad de democratización de la
comunicación, que lógicamente
atentaría
contra los intereses de los poderosos grupos mediáticos. El
argumento central que alzaron en su ofensiva
contra el Nomic fue el más trillado de toda la
época de la Guerra Fría: ese
nuevo orden olía a conspiración comunista y
estaba impulsado por la Unión
Soviética. Para
frenar cualquier acción gubernamental que
favoreciera la democratización comunicacional, la SIP se
unió a otra patronal
regional, la Asociación Interamericana de
Radiodifusión (AIR). Ambas atacaron
además en otro frente, al descalificar la acción
de la Unesco, organismo que
bajo la conducción del senegalés Amadou M'Bow
había decidido impulsar el Nomic,
estableciendo el vínculo entre comunicación y
desarrollo. El acoso contra la
Unesco no cesó hasta que Estados Unidos e Inglaterra
anunciaron su retiro del
organismo, denunciando la politización de este foro; y se
obtuvo el
nombramiento del español Federico Mayor Zaragoza, una figura
considerada mucho
más dócil ante los intereses dominantes. De
allí que el investigador venezolano
Oswaldo Capriles concluyera: «El
castigo sufrido por Unesco es una de las
principales lecciones que pueden sacarse en cuanto a la terrible fuerza
que las
organizaciones de agencias y medios noticiosos occidentales, en
especial
estadounidenses, tienen, no solamente en cuanto a capacidad
específica para
influenciar opinión a través de la
tergiversación de la información, sino en
cuanto a la capacidad para presionar directamente los gobiernos y
obtener
resultados políticos de tal gravedad en la escena de los
organismos del sistema
internacional de las Naciones Unidas». (1996, p. 42) Los
encargados de esta campaña fueron
principalmente The New York Times, las agencias de noticias AP, UPI y
AFP, y
sobre todo la SIP y la AIR. La
acción de la SIP fue particularmente fuerte en
1976 en contra de la Conferencia de San José de Costa Rica,
donde los gobiernos
latinoamericanos se reunieron para debatir sobre políticas
nacionales de
comunicación. La SIP, al no haber solicitado el estatus de
observador en la
Unesco, no fue invitada a la reunión; sin embargo, la
patronal emprendió una
campaña asegurando que al no invitarla se rehuía
el debate y, en un golpe de
efecto, anunció una reunión paralela en San
José, "bajo la gritona
dirección de un periodista dominicano, ex portavoz del
fenecido dictador
Trujillo", como señalaba Capriles. En
un análisis detallado de la campaña de la SIP y
la AIR contra la Unesco, Capriles indica que ambas patronales lograron
inundar
la prensa del mundo con una guerra de opinión en la cual se
impuso la idea de
la existencia de una "tesis Unesco", inspirada por la "extrema
izquierda" y atentatoria contra la libertad de expresión.
Adicionalmente,
los ataques se concentraban contra aquellos países que
apoyaban la conferencia,
mientras que en los grandes diarios disminuían las noticias
negativas sobre los
países que se mostraban dispuestos a colaborar. Los
comunicados emitidos por la Unesco no eran
publicados por casi ningún periódico, mientras
que cualquier documento emitido
por el llamado "Comité para la Defensa de la Libertad de
Información", creado por la SIP y por el International Press
Institute
(IPI) como uno de sus frentes de batalla, era reproducido en todos los
medios
afiliados. La campaña de la SIP era repetida en Estados
Unidos por los
periódicos del grupo Hearts y el New York Times[8].
Entretanto, desde "El
Noticiero de la SIP", se mezclaban hechos sin conexión,
acusaciones de
antisemitismo, denuncias de maniobras de la "aplanadora rusa-Tercer
Mundo" para arremeter contra la Unesco. Aunque
una de las estrategias aplicadas por la SIP
fue insistir en un supuesto complot contra la libertad de
expresión orquestado
por gobiernos de extrema derecha y de extrema izquierda, lo cierto es
que como
revela Capriles: "En
los países de gobierno dictatorial existió
de hecho un acuerdo tácito entre gobiernos y medios
difusivos sobre la base de
situaciones previas de entendimiento, lo que demuestra de paso que los
medios
comerciales no estaban exigiendo democracia o libertad, sino
defendiendo
privilegios oligopólicos para su actividad publicitaria,
actividad que en cambio
consideraban amenazada en aquellos países de
régimen de democracia formal, por
el hecho de ser en estos -o al menos en algunos de ellos- donde se
había
planteado el tema de las políticas de
comunicación, como elemento necesario
para un avance o perfeccionamiento de la democracia". (Capriles, 1996,
p.
57) Algunos
de los acuerdos de esa reunión de Costa
Rica consistían en crear una agencia latinoamericana y
caribeña de noticias,
establecer formas de cooperación para el desarrollo de las
comunicaciones rurales,
formar un consejo latinoamericano de comunicación social,
exigir una
circulación equilibrada de comunicación e
información en el plano internacional
y reconocer el derecho a la comunicación como derivado del
derecho universal de
expresión. Sin embargo, todos estos propósitos
fueron abandonados por los
gobiernos ante la fuerte presión mediática. Particularmente
en Venezuela, la SIP encontró el
apoyo de la patronal Fedecámaras, que el 3 de agosto
lanzó una declaración en
la cual hablaba sobre la necesidad de salvaguardar la libertad de
expresión y
alertaba contra el peligro totalitario. Desde
entonces hasta ahora, la SIP se ha mantenido
actuando contra los intentos de reivindicación del derecho a
la comunicación y
a la información veraz. Es por ello que a finales de los
noventa, acusó al
gobierno de Rafael Caldera de tener tentaciones totalitarias, buscando
impedir
que presentara su propuesta del derecho a la información
veraz en la VII Cumbre
Iberoamericana, reunida en la isla de Margarita, en 1997. En
aquella cumbre, a pesar de la violenta oposición
de la SIP, se aprobó por primera vez un párrafo
que habla sobre garantizar el
derecho a la información veraz, en el acuerdo 38 de esa
conferencia, que aún
está vigente. Este principio encontró luego
caminos más firmes en la
Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, que consagra en el
artículo 58 el derecho a la información oportuna,
veraz e imparcial. El
lenguaje
de la SIP. ¿Libertad de prensa o libertad de empresa? En
su lenguaje oficial, la SIP se esmera en
utilizar conceptos que legitiman su comportamiento y la autoerigen en
un
referente a la hora de definir qué es la libertad de prensa
y de decidir quién
respeta esta libertad y quién no. No obstante, cuando hace
esto, está
incurriendo en la usurpación de un derecho colectivo de los
pueblos y oculta en
nombre de quiénes actúa verdaderamente esta
organización patronal. Veamos
algunos ejemplos: *
La SIP se empeña en hablar como representante de
los periodistas, pero como hemos visto, se trata de una
organización
empresarial que sólo representa a los dueños de
los medios. Por lo tanto, no
puede hablar en nombre del gremio periodístico, como lo han
denunciado
periodistas de todo el continente. *
La SIP se abroga el derecho de decidir quién
viola y quién respeta la libertad de expresión.
Como advierte el periodista
Ernesto Vera, la libertad de expresión es un derecho
individual, del cual se
deriva la libertad de prensa, pero en el tiempo de los medios masivos
se
convierten en un derecho colectivo. Es entonces un derecho de la
sociedad y no
de los dueños de la gran prensa. Dejarlo efectivamente en
sus manos, es como si
confiáramos que el derecho a la salud fuera defendido y
definido sólo por las
grandes clínicas privadas. Oswaldo
Capriles, en su libro Poder político y
comunicación, señala también que la
SIP utiliza la libertad de prensa para
presionar en la opinión pública. Al presentarse
como los encargados de definir
en cuáles países hay libertad de prensa y en
cuáles no, consiguen mantener
presionados a los gobiernos y presentarse ante la opinión
pública con un valor
que no tienen. Recuerda además que se nos oferta la
concepción dominante de la
libertad de expresión como un exclusivo privilegio de los
dueños de los medios. En
definitiva, ¿quién tiene derecho a la libertad
de expresión, sino la sociedad? Es por eso que se denuncia
con frecuencia la
pretensión de la SIP de fusionar la libertad de prensa con
la libertad de
empresa, que no es más que la defensa de su capacidad de
realizar negocios, tal
y como lo expresa la Felap: «Siendo
esta sociedad una agrupación nucleada con
base en propietarios y editores de periódicos, la libertad
de prensa que dice
defender no puede ser otra que la libertad de empresa que necesitan sus
miembros para participar en el comercio de la prensa y utilizar la
noticia con
una mercancía u objeto de consumo» (2006, p. 28). *
La SIP pretende definir, sin la participación de
otras instancias de la sociedad, qué es la libertad de
expresión, un derecho
que no les ha sido otorgado y del cual se han apropiado a partir de su
poder
económico. Esta pretensión de la SIP es muy clara
en su Declaración de
Chapultepec, en la cual se expresa una apología de un
concepto de libertad de
prensa que pretende una prerrogativa de los medios de
difusión. La organización
empresarial inició el proyecto de Chapultepec en 1994 y
actualmente asegura que
los diez puntos establecidos en la Declaración se han
establecido como "el
estándar reconocido mediante el cual el hemisferio mide la
libertad de prensa y
expresión". De hecho, aseguran que a partir de 1994, se ha
tomado "un
concepto abstracto", como el de libertad de expresión y se
le ha dado una
configuración que ha permitido que la gente ya no
dé respuestas "confusas,
esporádicas e incoherentes" cuando se le pregunta
qué es libertad de
expresión. *
La SIP invariablemente se presenta como la
defensora de la prensa independiente. Vistos los cuantiosos ejemplos de
manipulación y desinformación, habría
que preguntarse, ¿esa prensa es
independiente de qué? Independiente de los intereses
populares; dependiente de
los dueños del dinero y del poder. *
La SIP se opone duramente al concepto de
información veraz, alegando que si lo aceptan
tendrían que rendirles cuentas a
los gobiernos, y que estos podrían censurar a la prensa al
ser los que definan
qué es la información veraz. Es esta una falsa
dicotomía, porque es la sociedad
la encargada de denunciar a los medios cuando mienten. El dilema no es
SIP vs.
Gobierno, sino SIP vs. Sociedad. *
La SIP siempre se ha manifestado en contra de
las leyes de prensa, defendiendo en su lugar el concepto de
autorregulación.
Sin embargo, el hecho de que alguien tenga dinero para poseer un medio
de
prensa que alcanza a centenares de miles o millones de personas, no lo
coloca
sobre la sociedad o al margen de la sociedad; igual debe responder y
asumir una
responsabilidad ética y social; si no, estaríamos
ante la paradoja de un poder
antidemocrático que actúa como contralor de otro
poder, este sí
democráticamente constituido, sin tener que rendir cuentas y
sin posibilidad de
ser cambiado. Habría
que recordar, como lo hace Vera, que la
prensa se apoya para su existencia en preceptos constitucionales que no
se
compraron con dinero, sino con el sacrificio y la sangre de todos los
que
lucharon por tener independencia. Poderosos,
pero no todopoderosos A
pesar de este historial de alianzas
imperialistas, manipulaciones y desinformación, en los
últimos tiempos
gobiernos progresistas, de izquierda o revolucionarios, han logrado
obtener
victorias en procesos electorales en América Latina, aun en
contra de la
voluntad y la posición de los grandes medios de prensa, lo
cual representa una
derrota para los poderosos de la SIP. Esto evidencia, sin duda, un
crecimiento
de la conciencia crítica de los pueblos, aun cuando las
campañas de propaganda
negra continúan haciendo daño e intentando doblar
la voluntad popular de
avanzar hacia la transformación de nuestras realidades. Una
idea defendida por Ernesto Vera, luego de años
en el ejercicio del periodismo, es que los dueños de los
medios son poderosos,
pero no todopoderosos. Y su punto débil radica precisamente
en que su mensaje
ofende la inteligencia humana y no se identifica con la realidad de la
inmensa
mayoría de los destinatarios. Es por ello que aun con menos
recursos,
tecnológicos y financieros, es preciso insistir en la tarea
de desarrollar la
conciencia crítica sobre lo que significan esos medios y
sobre quiénes son sus
dueños, y los dueños de esos dueños. --
[1]
Las informaciones y reflexiones aportadas por
el periodista cubano Ernesto Vera surgieron de una entrevista personal
realizada para este trabajo. Vera es presidente honorario de la
Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y profesor del Instituto
Internacional
de Periodismo José Martí. [2]
En 1950, la SIP tenía un total de 778 miembros,
424 eran estadounidenses, 314 eran latinoamericanos y 22 canadienses y
europeos. [3]
Para dar respuesta a este llamado, pasarían 25
años, pues fue sólo en 1976 cuando se
creó la Federación Latinoamericana de
Periodistas (Felap), bajo el principio de apoyar siempre el derecho de
los
pueblos a la información veraz. Para fundar la Felap fue
fundamental la acción
del combatiente periodista peruano Genaro Carnero Checa, quien
logró que el
presidente de México para ese entonces, Luis
Echeverría, le diera apoyo al
nacimiento de la organización. Hoy en día, las
acciones y declaraciones de la
Felap continúan siendo silenciadas por los grandes medios. [4]
Las citas sobre este libro de Selser están
recogidas por el periodista José Steinsleger, en el
artículo "SIP: Mordaza
de libre presión", publicado por el diario mexicano La
Jornada, el 15 de
octubre de 2006. Sobre este tema de la SIP, Selser también
es citado con
frencuencia por Juan Gargurevich. Steinsleger anota que si la SIP fuese
una
entidad realmente comprometida con la libertad, la independencia y la
democracia, el edificio que en Miami alberga su sede debería
llamarse Gregorio
Selser (1922-1991), en lugar de Jules Dubois. [5]
El investigador venezolano Oswaldo Capriles, en
un libro titulado Poder político y comunicación,
puntualiza que sin duda las
agencias de seguridad estadounidenses han estado involucradas en la
conformación de la SIP, aunque los dueños de los
medios no necesiten mucha
presión para mantener posiciones coincidentes con el
complejo
industrial-político-militar estadounidense, dado su lugar
dentro de las élites
dominantes. De allí se explica la tendencia
ultraconservadora que otorga a la
SIP. [6]
Las notas sobre el libro de García fueron publicadas
en el diario uruguayo La República, el 20 de agosto de 2007,
bajo el título
"La CIA ordenaba; El País y la SIP ejecutaban". La
reseña del diario
recuerda que Arbenz encabezó el segundo gobierno de lo que
se llamó la
primavera democrática en Guatemala y fue derrocado el 27 de
junio de 1954, por
una invasión de un ejército libertador
organizado, financiado y armado por
EEUU. "La operación de la CIA para derrocar a Arbenz se
denominó
"Sucess y fue la primera que incluyó la
implementación de un aparato de
construcción de opinión a nivel continental
según la definición propia de los
EEUU. La operación fue autorizada por el presidente de EEUU,
Dwigth Einshower e
instrumentada por el entonces canciller John Foster Dulles, y su
hermano Allen,
director de la CIA. Los hermanos Dulles, eran accionistas de la United
Fruit
Company, propietaria de enormes latifundios y plantaciones en
Guatemala,
afectados por la Reforma Agraria emprendida por Arbenz para darles
tierra a los
miles de campesinos e indígenas privados de ella". [7]
Ya en la Conferencia Interamericana de
Chapultepec, realizada en 1945, Estados Unidos había
impulsado la aprobación de
una resolución relativa a la libre circulación de
noticias. Como destaca el
periodista venezolano Eleazar Díaz Rangel, en su libro La
información
internacional en América Latina, estas resoluciones
podían ser inobjetables en
la letra, pero en la práctica "sólo
beneficiarían al único país en
capacidad de hacer circular todo tipo de mensajes comunicacionales,
consciente
del poder de la información". Un año
después, en 1946, el Departamento de
Estado informaba que un subsecretario de Estado se ocuparía
de los asuntos de
comunicación, con la función expresa de romper
las barreras que se oponían a la
expansión de los medios estadounidenses en el planeta,
asumiendo la libertad de
prensa como parte de la política exterior estadounidense. [8]
La reportera del New York Times, Deidre
Carmody, sostenía los argumentos de la SIP y se quejaba de
la imposibilidad de
presentar los alegatos de la UNESCO afirmando que no había
sido posible
contactar a ninguno de sus funcionarios en la conferencia de Costa
Rica, cuando
luego quedó al descubierto que no sólo no estaba
acreditada como corresponsal
para el evento, sino que tampoco se encontraba en San José. Referencias Capriles,
O. (1996). Poder político y comunicación.
Caracas: Universidad Central de Venezuela. Carmona,
E. (2003, septiembre 14). "Allende y
la libertad de prensa". Tomado
de http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1477/article-41287.html Díaz
Rangel, E. (1991). La
información internacional en América Latina.
Caracas: Monte Avila
Editores. FELAP
(2006). FELAP. Treinta años de principios.
México: Universidad de Colima. Gargurevich,
J. (1981). A golpe de titular. CIA y
periodismo en América Latina. Praga: Videopress. La
República (2000). "La República
renunció a
la SIP". Tomado de http://www.ambiente-ecologico.com/ediciones/2000/076_11.2000/076_InfoGral11.php3 La
República (2000, octubre 23). "Durante la
gestión de Arbilla en la dictadura masacraron a la prensa". Tomado de http://www.larepublica.com.uy/politica/25918-durante-la-gestion-de-arbilla-en-la-dictadura-masacraron-a-la-prensa Maldonado,
A. (2007). "Correa ya está en la
lista negra de la SIP". www.cubaperiodistas.cu/noticias/noviembre07/14/04.html Mazzarovich,
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ordenaba; El País y la SIP ejecutaban". Tomado de http://www.larepublica.com.uy/politica/271431-la-cia-ordenaba-el-pais-y-la-sip-ejecutaban%20(20 MacBride,
S. et al (1993). Un solo mundo, voces
múltiples. Comunicación e información
en nuestro tiempo. México: Fondo de
Cultura Económica. MinCI
(2004, diciembre 6). "Comunicado oficial
del Ministerio de Comunicación e Información ante
la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP)". Tomado de http://www.minci.gob.ve/noticias/1/1889/mci_responde_a.html Red
Voltaire (2005, marzo 5). Néstor Kirchner y la
SIP: "No nos vengan a decir cómo funciona la libertad de
prensa los que
para imponer sus ideas mataron, asesinaron y secuestraron". Tomado de http://www.voltairenet.org/article124103.html Rodríguez,
C. (1950). "Crónica
de un New York entrevisto". La Habana: La Vanguardia. SIP
(1994). "Proyecto Chapultepec". Tomado de http://www.declaraciondechapultepec.org/ Steinsleger,
J. (2006, octubre 11). "SIP:
Mordaza de libre presión". Tomado
de http://www.jornada.unam.mx/2006/10/11/index.php?section=politica&article=022a1pol Uribe,
H. (2002, marzo 30). "En busca de un
Pinochet perdido". Tomado
de http://www.pww.org/article/articleprint/926/ |


PCV: Cerrar filas frente a provocaciones imperialistas
El Estado y el sector privado en Venezuela
Trabajadores de Nuestra América, Unidos

























