(VIDEO) Panamá: A 20 años de la invasión yanqui, prohibido olvidar
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 02:43
Asi
quedó la zona de El Chorrillo
Testimonios
de los protagonistas
(VIDEO)
Panamá: A 20 años de la invasión
yanqui, prohibido olvidar
Caracas,
20 dic. 2009, Tribuna Popular
TP/ Por: Equipo de Redacción de Aporrea.org.-
La madrugada del 20 de diciembre de 1989 es inolvidable,
no sólo para los panameños sino para todos los
latinoamericanos.
A
diferencia del show
montado por el Imperio Norteamericano para que
mediáticamente se viera su
poderío contra quien fuera su amigo, Saddam Hussein, esta
vez de las acciones
se supo un poco mas tarde, cuando ya estaban en desarrollo, aunque
habían sido
advertidas a algunos personeros que luego resultaron
protagónicos, Endara por
ejemplo.
El
gobierno deBush
(padre), que fue también amigo del
general Manuel Antonio Noriega, se deslindaba de él y lo
acusaba de
narcotraficante. Con esa excusa invadieron un país, y
masacraron a más de 3.000
personas civiles en "aras de la defensa de la libertad y la
democracia".
La
historia de Panamá no
ha sido precisamente una historia de triunfos. Ese país, que
fuera parte de la
Nueva Granada, la Gran Colombia y Colombia, carga en su baúl
histórico muchas
invasiones de todo tipo y la segregación de su territorio
por apetencias
económicas del Imperio Norteamericano que
propició su llamada independencia en
1903.
Sigue
doliendo Panamá a
20 años de un acontecimiento por el cual todavía
se reclama conocer el número
de víctimas y la reivindicación
política, social y económica de ese pueblo.
Más
de 7 mil panameños caen asesinados por el terrorismo
norteamericano
Hay
que mirarse, hoy más
que nunca en ese espejo, analizar la actuación de Noriega y
preguntarse apoyado
por quién comenzó a desarrollar su torcido
accionar.
Hay
que mirarse en las
formas en que el gobierno de Estados Unidos interviene para
salvaguardar lo que
considera importante para él. Allá fue el Canal
de Panamá y la posición
estratégica del país itsmeño;
acá es el petróleo y más.
Hay
que mirarse con
vista corta, mediana y larga para no repetir, ni pueblo ni gobierno,
los
errores que condujeron a este trágico episodio del pueblo
panameño.
¡Levantamos
nuestra voz
de repudio a la actuación del imperio contra
Panamá!
¡Levantamos
las banderas
de la solidaridad con el pueblo panameño!
Para
luchar también
contra el olvido ponemos a disposición de nuestras lectoras
y lectores una
recopilación de los hechos y los testimoniales de
opinión de algunos panameños
así como una pequeña cronología de la
actualidad de Panamá.
La
última invasión yanqui a Panamá
Panamá
a 20 años: La cruda verdad de
los hechos
Olmedo
Beluche*
Manuel
Antonio Noriega
Veinte
años han
transcurrido. Aún los muertos gritan en silencio contra el
olvido, exigiendo
que sus nombres sean pronunciados y pidiendo justicia. La quinta parte
de un
siglo ha pasado y todavía el pueblo panameño
desconoce cuánto daño nos
hicieron. Como muchos otros crímenes en este
país, los hechos siguen sin
esclarecerse del todo, sin investigación judicial, sin
proceso y sin castigo.
Los
amanuenses al
servicio de EE.UU pretenden que el acto más sanguinario
contra la nación
panameña sea recordado “como una
liberación”, en palabras del ex arzobispo
Marcos G. McGrath, tal y como han logrado, con cierto éxito,
respecto a la
separación de Panamá de Colombia en 1903, pasando
como “ independencia ” el
acto que nos convirtió en colonia.
Como
ya hemos indicado
en el capítulo VI de nuestro libro Diez años de
luchas políticas y sociales en
Panamá (1980-1990), hay que distinguir entre los objetivos
manifiestos por el
gobierno norteamericano y los objetivos reales.
Sería
ingenuo aceptar a
priori los argumentos del ex presidente George Bush padre, en el
sentido de que
se invadió a Panamá para traernos la
“democracia ” y sancionar al “
narcodictador ” Manuel A. Noriega. La prueba fehaciente de
que el objetivo
norteamericano no era “liberarnos” del dictador fue
que el 3 de octubre de
1989, cuando Moisés Giroldi y un grupo de oficiales dio un
golpe de Estado y
arrestó a Noriega, las tropas del Comando Sur se hicieron
las desentendidas.
El
objetivo primario de
la invasión era establecer un régimen estable
que, con apariencia democrática,
garantizara la aplicación de las políticas
neoliberales. Este objetivo quedó
patentado en el llamado Convenio de Donación, por el cual se
darían algunos
millones de “ayuda” económica a cambio
de la aplicación de un estricto plan
neoliberal.
En
el tema de las bases
militares, el nuevo gobierno de Ricardo Martinelli ha iniciado la
instalación
de cuatro bases militares en territorio con financiamiento y
asesoría
norteamericana.
Endara
se juramenta
Desde
la perspectiva de
las víctimas, reiteramos lo dicho en nuestro libro
“La verdad sobre la
invasión” : “En una sola noche las
tropas norteamericanas asesinaron 100 veces
más panameños que en 21 años de
régimen militar. En una sola semana se hicieron
100 veces más prisioneros políticos que los que
hubo durante los 5 años de
régimen norieguista”.
Pese
a la ausencia de
una investigación oficial, la Iglesia Católica
pudo reunir los nombres de cerca
de 500 asesinados, la mayoría de ellos civiles. Las fosas
comunes de El
Chorrillo, Corozal, Arco Iris y Chepo siguen sin abrirse.
Cerca
de 20,000 personas
perdieron sus hogares esa noche, hubo al menos dos mil heridos. Algo
que muchos
ignoran es que se hicieron cerca de 5000 arrestos políticos.
Las pérdidas
materiales, en especial del Estado panameño, siguen sin
sumarse.
Veinte
años después,
cuando parecía que iba a hacerse algo de justicia a
través de una ley aprobada
por la Asamblea Nacional, en diciembre de 2007, para establecer el
reclamado
Día de Duelo Nacional y una Comisión
Investigadora, ésta fue vetada por el presidente
Martín Torrijos, sin que los diputados proponentes hayan
intentado imponerla
por insistencia.
El
balance histórico
sigue siendo favorable para los victimarios y desfavorable para las
víctimas.
En
espera de que, más
temprano que tarde, una nueva generación de
panameños y panameñas logre un
gobierno que reivindique la memoria de los héroes y
mártires del 20 de
Diciembre, nuestra pequeña contribución a la
justicia que reclaman los muertos
estriba en que se conozca la cruda verdad de los hechos.
(+)
Sociólogo. Autor de
los libros “Diez años de luchas
políticas y sociales en Panamá” y
“La verdad
sobre la invasión”.
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La
madrugada del 20 de diciembre en Panamá
LOS HECHOS
El
20 de diciembre de
1989, el presidente de Estados Unidos George H. W. Bush
autorizó la operación
militar denominada Causa Justa, justificando la invasión a
Panamá con los
siguientes motivos:
•
Proteger la vida de
los ciudadanos estadounidenses que residían en
Panamá. •
Defender la democracia
y los derechos humanos en Panamá. •
Detener a Noriega para
enfrentar delitos de tráfico de drogas. •
Respaldar el
cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter.
El
aparente propósito
fue capturar al general Manuel Antonio Noriega, Comandante en Jefe de
las Fuerzas
de Defensa de la República de Panamá, quien era
requerido por la justicia
estadounidense acusado del delito de narcotráfico.
ANTECEDENTES INMEDIATOS
El
11 de octubre de
1968, los mandos medios de la Guardia Nacional, encabezados por el
Mayor Boris
Martínez, dirigieron un golpe de estado derrocando al
entonces presidente
electo y constitucional Arnulfo Arias Madrid, que había
tomado posesión del
cargo hacía sólo 11 días. Este evento
dio inicio a una dictadura militar
liderada por una junta provisional de gobierno que duró
hasta 1969, cuando
asumió el cargo de Comandante en Jefe el General de Brigada
Omar Torrijos
Herrera. En 1972 el gobierno militar designó un Congreso
Constituyente que
redactó una Carta Magna y nombró a Demetrio
Basilio Lakas como Jefe de Gobierno
y al General Omar Torrijos como Jefe de Estado. Como un objetivo
político del
gobierno se negoció un nuevo tratado del Canal de
Panamá, que reemplazó al
modelo negociado en los años 1960 por medio del Tratado
Johnson – Robles.
La
Nunciatura
En
1977, el General Omar
Torrijos Herrera como Jefe de Estado de la República de
Panamá y Jimmy Carter
como Presidente de los Estados Unidos de América, firmaron
los nuevos Tratados
del Canal de Panamá o Tratados Torrijos-Carter, por medio de
cuyas cláusulas
principales los Estados Unidos acordaron la devolución de
los territorios
administrados, el control de la operación del Canal, el
cierre de las bases
militares y la salida de todos los soldados estadounidenses de
Panamá. El
Tratado Torrijos – Carter acordaba un calendario para la
transición de todos
los aspectos referentes al Canal de Panamá, antes del
año 2000. Sin embargo,
condicionaba la defensa de la vía de manera conjunta, dando
la posibilidad de
intervenir armadamente en Panamá si la operación
del canal se viese comprometida.
En 1983 asumió el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas
de Defensa de
Panamá el General Manuel Antonio Noriega, quien
fungió por muchos años como G2
o Jefe de la Inteligencia Militar panameña y se le
identificaba como estrecho
colaborador de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. En
las
elecciones presidenciales de 1984, las primeras por voto popular desde
el
inicio de la dictadura militar de 1968, fue declarado vencedor
Nicolás Ardito
Barletta ante el clamor popular de fraude. En tanto, en EE.UU., el
senador
Jesse Helms exigió que el gobierno norteamericano tomara las
medidas necesarias
para sacar a Noriega, pero el director de la CIA William Casey
salió en defensa
del general panameño alegando que éste realizaba
tareas importantes para el
gobierno de los Estados Unidos.
Pero
en 1984 las
relaciones con los Estados Unidos se deterioraron cuando Noriega
exigió y
consiguió el cierre de la Escuela de las Américas
en territorio panameño. En
dicha academia se formaban militares latinoamericanos que
recibían instrucción
bélica con un marcado contenido político
anti-comunista por parte del
Pentágono. En 1985, Nicolás Arditto Barletta
renunció a la presidencia bajo
presiones por tratar de esclarecer el atroz crimen del Dr. Hugo
Spadafora,
opositor del dictador; quien en reiteradas ocasiones acusó
al General Noriega
de diversos delitos incluidos asesinatos y narcotráfico,
siendo reemplazado por
el primer vicepresidente Eric Arturo Del Valle.
El
segundo al mando de
las Fuerzas de Defensa, Coronel Roberto Díaz Herrera, fue
pasado a retiro en
1986 por órdenes directas del General Noriega.
Díaz Herrera hizo declaraciones
públicas acusando al General Noriega de fraude electoral en
1984, asesinato
político y de complicidad en la muerte de Torrijos, lo que
generó fuertes
protestas entre la población y la creación de un
movimiento denominado Cruzada
Civilista. En 1988, Eric Del Valle en su calidad de Presidente de la
República
destituyó al general Noriega como Jefe de las Fuerzas de
Defensa, quien
arremetió con todo el poder del ejército bajo su
mando contra la nación
panameña, desconociendo a Eric Arturo Del Valle como
presidente y Roderick
Esquivel como vicepresidente. Del Valle se refugió en la
embajada de Estados
Unidos y luego fue trasladado fuera del país.
Asumió el control del gobierno
Manuel Solís Palma como Ministro Encargado de la
Presidencia. Sin embargo, el
embajador de Panamá en Estados Unidos Juan Sosa fue
reconocido como única
autoridad del gobierno panameño en el exilio.
El
ex Presidente George Bush (padre) y Colin Pawer
Los
Estados Unidos
comenzaron un bloqueo abierto contra el gobierno leal a los militares
panameños, lo que ocasionó una crisis
económica, llegando incluso al
congelamiento de los bancos para evitar la fuga de capitales. Durante
este
tiempo los Estados Unidos negociaron condiciones para el retiro del
General
Noriega del poder sin obtener resultados. En mayo de 1989 tuvieron
lugar las
elecciones presidenciales entre el candidato de la oposición
al régimen
militar, Guillermo Endara Galimani, y el candidato respaldado por el
gobierno
Carlos Duque Jaén resultando vencedor Endara Galimani con un
triunfo arrasador.
Al presentarse los resultados de la votación, el General
Noriega impartió
instrucciones al tribunal electoral para declarar suspendidos los
comicios electorales.
En
septiembre, en lugar
de asumir la presidencia el vencedor de las elecciones de mayo, fue
suspendida
la constitución y se designó como encargado del
Órgano ejecutivo al Ingeniero
Francisco Rodríguez, allegado al General Noriega.
Al
mes siguiente,
fuerzas rebeldes dirigidas por el mayor Moisés Giroldi Vera,
tomaron el cuartel
central y retuvieron a Noriega. Giroldi, jefe de la
compañía de fusileros
responsable de la seguridad de la Comandancia, había
abortado ya un intento
golpista contra Noriega y ello le valió ser ascendido al
rango de Mayor, pero
su intento de deponer al General Noriega fracasó ante su
indecisión por
entregarlo al ejército de Estados Unidos que
había enviado un helicóptero para
tal fin. La situación se tornó más
confusa cuando sus compañeros pedían su
anuencia para dar muerte a Noriega, lo que dio tiempo para que la
rebelión
fuera sofocada por fuerzas leales a Noriega. El Mayor Giroldi y todos
los
hombres que lo respaldaron en su acción fueron fusilados por
instrucciones directas
de Noriega.
En
diciembre de 1989, la
Asamblea Nacional otorgó poderes especiales al General
Noriega designándolo
Jefe del Gabinete de Guerra, mientras que declaraba a la
República de Panamá en
estado de guerra contra los Estados Unidos de América.
Comenzando el día 20 de
diciembre se puso en marcha la invasión norteamericana.
Panamá
invadida
RECURSOS Y ACCIONES
Los
norteamericanos
dispusieron de 26.000 soldados de las unidades de elite, de los
comandos
navales, del ejército y la 82ª División
Aerotransportada para la invasión. Las
Fuerzas de Defensa Panameña sumaban apenas 12 mil efectivos
y el país disponía
de una minúscula fuerza aérea.
El
ejército de los
Estados Unidos trasladó a Panamá a la
82ª División Aerotransportada para la
operación militar, la cual contaba con 12,000 soldados. Las
bases militares
norteamericanas en las riveras del Canal de Panamá,
según el tratado
Torrijos-Carter que legalizaba la presencia militar en el istmo para la
defensa
conjunta por ambas naciones de la vía acuática,
contaban con un ejército de
12,000 los cuales no participaron de la Operación Causa
Justa.
Dos
días antes del
ataque, un soldado norteamericano fue abatido cuando
traspasó un retén frente
al Cuartel Central de la Guardia Nacional, lo que fue considerado como
el
detonante del conflicto.
La
invasión inició la
madrugada del 20 de diciembre de 1989 con el bombardeo de
múltiples
instalaciones políticas y militares. El objetivo del ataque
era anular
cualquier respuesta del ejército panameño. El
bombardeo destruiría aeropuertos
y bases militares como el Aeropuerto de Punta Paitilla, el Cuartel
Central en
el barrio de El Chorrillo, el Cuartel de Tinajitas, el Cuartel de
Panamá Viejo,
el Cuartel de Los Pumas, la base militar de Río Hato (donde
funcionaba el
instituto militar Tomás Herrera, que no era en realidad una
escuela de
formación castrense) o la Base Naval de Coco Solo.
La
Fuerza Aérea de los
Estados Unidos utilizó un armamento de última
generación, como los aviones
furtivos F-117 Nighthawk o los helicópteros de combate AH-64
Apache contra un
ejército muy poco equipado. A pesar de la alta
tecnología del armamento
estadounidense, se produjeron numerosas muertes civiles al ser
alcanzados
muchos edificios no militares.
El
ingreso de los
soldados estadounidenses al barrio El Chorrillo, donde se contaban
numerosos
partidarios de Noriega, fue particularmente sangriento.
No
hubo ninguna
declaración de guerra y la acción fue condenada
por la Asamblea General de la
ONU y por la Organización de Estados Americanos (OEA). La
operación duró pocos
días ante la superioridad del ejército ocupante y
la poca resistencia
encontrada. Noriega logró escapar y buscó asilo
en la Nunciatura Apostólica.
Posteriormente, se entregaría a las fuerzas de
ocupación y puesto bajo arresto.
Guillermo
Endara fue
nombrado presidente del país en una base militar de EE.UU.
durante la
operación. En los días siguientes a la
intervención, debido a la ausencia de
policía y ante la pasividad de las tropas estadounidenses,
se produjeron en
varias ciudades saqueos y actos de vandalismo que aumentaron las
pérdidas
materiales.
Buscando
a Noriega
-¿Y NORIEGA?.
“Parecía
que al panameño
se lo había tragado la tierra. Thurman recordó
que desde el golpe de octubre
habían aumentado la cantidad de hombres en el equipo que se
encargaba de
monitorear sus movimientos. Agentes de inteligencia infiltrados en la
ciudad con
equipos de última generación lo
seguían a sol y sombra. El martes 19 habían
podido comprobar su estadía en Colón, el regreso
de la comitiva hacia la ciudad
pero, en algún punto del camino, Noriega se les
había escapado. Suponían que se
había quedado en el Caribe panameño..
Luego
del inició de
Causa Justa, a lo largo de la madrugada, habían realizado
más de 40 intentos
por ubicar a Noriega. En Colón atacaron alguna de las casas
que solía utilizar,
sin encontrar ni siquiera rastros. En Farallón, donde
Noriega tenía una casa de
playa, tampoco había nadie. No estaba en Amador, ni en la
Comandancia, ni en
Tinajitas, ni en Panamá Viejo. Los hombres de inteligencia
trabajaban sin cesar
tratando de rastrear comunicaciones que les permitieran descifrar su
paradero. Necesitaban
tiempo para interrogar a los militares detenidos. Decenas de comandos
Deltas de
Operaciones especiales desperdigados en la ciudad estaban en
condiciones de
actuar ante el menor indicio. Podían llegar en minutos a
cualquier parte.
Al
amanecer comenzaron a
temer que Noriega hubiese logrado escapar hacia Chiriquí, o
lo que era peor,
hacia Cuba o Nicaragua. Descartaban que estuviese en alguna embajada.
Sabían
que su familia estaba en la de Cuba pero de él no
había rastros.
Para
la Casa Blanca su captura
era una prioridad. Bush no podía permitirse dejarlo escapar.
Los militares a su
vez confiaban en que una captura veloz de Noriega, acabaría
con cualquier
intención de sus hombres de organizarse.
A
las 7 de la mañana
Bush le habló al pueblo norteamericano. Comunicó
que había ordenado una acción
militar en Panamá y enumeró las causas: proteger
a los ciudadanos
norteamericanos, restaurar la democracia y capturar a Noriega. Se
comprometía
públicamente a velar por el cumplimiento de los Tratados.
“Solo lo hice, cuando
comprendí que no había otra salida”, se
justificó.
Dick
Cheney y Colin
Powell se pasaron el día haciendo declaraciones.
“No sabemos dónde está
Noriega”, explicaba Powell, que veía como
crecía la presión en los medios por
la captura del panameño. “En la
práctica hemos decapitado la dictadura de
Panamá. Noriega ahora es sólo un fugitivo y
será tratado como tal”.
Al
caer la noche, sin
novedades luego de nuevos rastrillajes, el Departamento de Estado
realizó un
anunció que reprodujeron las cadenas internacionales: una
recompensa de un
millón de dólares a cualquier persona que diera
pistas que condujeran al
arresto del líder panameño. Manuel Antonio
Noriega se había convertido en el
enemigo público N°1 de los Estados Unidos de
América”. (Guido Bilbao. “La
caída”)
8
OPINIONES TESTIMONIALES
Una
canción en la invasión Por
Poco después de la
medianoche del 20 de diciembre de 1989 mi madre me despertó
con sobresalto.
“Tienes que vestirte y ponerte los zapatos”. Estaba
muy nerviosa y se enjugaba
los ojos. Yo no hice ninguna pregunta. Ella nunca lo había
dicho así pero yo
sabía que solo nos mandaba a “poner los
zapatos” en caso de que algo urgente
estuviera pasando. Como cuando lo dijo años atrás
y nos fuimos a vivir un
tiempo con los abuelos sin mi padre.
Terminé
de vestirme y al
entrar a la sala ya estaban allí mis dos hermanos y mis
padres. La televisión
emitía la señal de Canal 8, el
estación de los gringos. Recuerdo que veíamos
imágenes pero por alguna razón no
podíamos escuchar sonido alguno. Todos tenían
expresión muy seria. Me asomé por la ventana pero
el barrio parecía muy
tranquilo. Desolado. Mis hermanos también llevaban sus
zapatos.
Mi
primera reacción a
todo aquello fue de secreta alegría. Si aquello que estaba
ocurriendo se
extendía todo el día, seguramente
postergaría una semana lo que iba a tener que
hacer aquel miércoles de diciembre: cantar una
canción de 4:40 frente a la
clase de música. Era lo peor que me podría pasar
en la vida, pensaba a lo largo
y ancho de mis 13 años. De modo que me parecía
bien no tener que enfrentar ese
embarazo. Con esa expectativa volví a la cama.
Por
la mañana temprano
corrieron los rumores. “Vienen los gringos registrando casa
por casa, están en
Arraiján y pronto llegan a Chorrera”. Lo mejor era
botar o quemar todo lo que
se relacionara con el Gobierno o los militares. Yo tenía
mucho miedo a ese
rumor. Mi padre era miembro del Partido Laborista, PALA.
Teníamos una bandera
en la casa, y.si la encontraban seguro nos llevaban a todos, pensaba.
Mi
hermano mayor y yo la tomamos junto con unos pantalones camuflajes
suyos y los
cubrimos con basura en la parte trasera de la casa. Más
tarde, cuando otra ola
de rumores agregaba que ya los gringos estaban muy cerca, desenterramos
todo y
lo quemamos. Me dio pesar porque a mi hermano cuidaba mucho esos
pantalones.
Como a las dos de la tarde iniciaron los sobre vuelos. Eran aviones muy
ruidosos, en forma de cruceta, que se elevaban y luego bajaban en
picada. Justo
después se escucharon las explosiones. Estaban bombardeando
el Cuartel, cerca
de donde vivíamos. Mi mamá sollozaba, apretando
en sus manos el Rosario. A mi
me hicieron cubrir debajo de la mesa.
Al
anochecer mi madre
nos empacó algo de ropa. Nos fuimos todos a paso muy
rápido a donde una tía,
dos casas más allá de la nuestra. Allí
pasamos la noche. Yo me crispaba a cada
ruido que provenía de afuera. Esa sensación no me
abandonaría hasta meses
después. A la media noche me mandaron a dormir en una
colchoneta, en el suelo,
apartado de la ventana. Tomé mi cuaderno de
música para repasar la canción de
4:40. Aunque no lo sabía, nunca regresaría al
primer año de secundaria. Tampoco
sabía que después habría preferido
cantar frente a la clase en lugar de tener
que ver mis padres llorar en una madrugada tan helada como aquella de
1989. MANUEL
DOMÍNGUEZ
Un
reclamo latente Esta
historia tiene que
ver con las armas que Estados Unidos dejó Panamá,
no durante la invasión sino
en los 50 años anteriores. A finales del 2003 el gobierno de
Panamá parece
haber colgado los guantes al abandonar su justo, legal, moral, e
imprescindible
reclamo a Estados Unidos de destruir las armas químicas y
convencionales vivas
que el ejército de ese país dejó
abandonadas y esparcidas en territorio
nacional.
Tras
la propuesta
absolutamente inapropiada e insuficiente del 14 de agosto de 2003 que
ofreció
Estados Unidos al gobierno de Panamá para donar unas pocas
herramientas que
pudiese usar personal panameño para desactivar siete bombas
químicas intactas
que yacen al aire libre en Isla San José, nada se ha hecho
por adelantar los
intereses de nuestro país. Y si el gobierno del presidente
Torrijos trató el
tema privadamente, evidentemente los resultados no se han visto. El
gobierno
del presidente Martinelli recién se inicia y no se conoce su
posición en este
respecto, pero lo cierto es que el tema de la contaminación
militar no fue
tratado en la campaña política de las
últimas elecciones. Hay quienes señalan
que el interés de estos gobiernos ha sido quitar del camino
cualquier obstáculo
a la firma del tratado de libre comercio.
El
hecho es que a la
fecha existe no menos de tres mil hectáreas de territorio
nacional copiosamente
contaminadas con armas convencionales abandonadas en las
áreas de Emperador,
Balboa Oeste, y Piña. Y un número no establecido
de armas químicas intactas
yace en Isla San José, aunque a la fecha se ha identificado
y verificado por la
Organización para la Prohibición de Armas
Químicas una bomba de 500 libras y
seis de 1000 libras cada una. De lo anterior ha resultado en tierra
firme un
número de muertos y heridos mutilados de los que no se
precisa información
exacta porque Estados Unidos por casi cien años
controló esos territorios y
nunca proporcionó estadísticas de los muertos y
heridos; aunque en el
Ministerio de Salud reposan unas estadísticas recientes que
sugieren al menos
quince muertos y más de treinta heridos graves.
La
obligación y
compromiso de Estados Unidos de eliminar tal peligro de nuestro
territorio
emana de la Convención de Armas Químicas y del
Tratado del Canal de Panamá de
1977. El gobierno de la presidenta Moscoso elevó la demanda
a las más altas
esferas del gobierno de Estados Unidos y ante la
Organización para la
Prohibición de Armas Químicas, y a pesar de sus
esfuerzos perseverantes y
responsables, Estados Unidos se mantiene en flagrante
violación de la Convención
de Armas Químicas, y sin haber cumplido cabalmente el
compromiso adquirido por
el gobierno del presidente Carter.
Es
lamentable que
Estados Unidos se aferre a la máxima de Hobbes que el poder
confiere la razón,
y que el gobierno de Panamá se obnubile por un tratado de
dudosos beneficios
para nuestro país. Mientras, la contaminación
militar sigue como peligrosa
amenaza a los panameños. JUAN
MENDEZ
Campo
de prueba ...Quién
sabe cuántas
bombas, morterazos y cañonazos, tiraron sobre
Panamá. Al principio era cada
segundo. Después cada dos segundos.. No pueden ser menos de
varios miles,
porque el asedio duró días. En América
Latina no hay precedente de un volumen
de fuego tan enorme. Las armas más sofisticadas, la
tecnología literalmente de
guerra espacial, se usó contra el Chorrillo, contra
Panamá Viejo, contra San
Miguelito, Río Hato, Tocumen, etc.. Combatientes
panameños ahí no había más
de
dos mil. Los norteamericanos eran, contados y declarados por ellos
mismos, 27
mil. En consecuencia seguramente fueron muchos miles más.
Más de doce por cada
panameño. Los panameños armados solamente de
fusiles. Los norteamericanos de
cañones, misiles, tanques, tanquetas,
helicópteros, aviones.. ese fue el
ejemplo del "fair play" del que los propios norteamericanos se jactan
en sus competencias. Advierto que esta observación se la
oí a un periodista de
ellos mismos. Y es que el Pentágono les dio muy pocas
oportunidades a sus
propios periodistas para que se dieran cuenta de lo que estaba pasando
en
Panamá y lo divulgasen. Esta queja también es de
ellos mismos.
Es
como si Italia, para
jugar contra el equipo de fútbol de un barrio de obreros,
mandase su selección
nacional. Querer ganar no significa querer masacrar. Aquí se
probaron armas y
aviones de la más reciente cosecha tecnológica.
Como el "stealth
bomber", por ejemplo. Por puro ejercicio gimnástico, porque
la gracia de
ese avión es ser invisible al radar, y en Panamá
los únicos radares que hay los
controlan ellos mismos. También una especie de rayo que no
explotaba, y que
sonaba como las llantas de un camión atascado en el lodo. Me
han dicho que es
una especie de rayo láser. Yo no lo sé. En una
ocasión lo vi: era un rayo rojo
que lo disparaba un avión caza-bombardero que se dejaba caer
en picada. Los
barrios populares fueron campo de experimentación,
polígonos de tiro donde se
ensayaron armas nuevas. Y no sobre blancos de papel y
cartón, sino de carne y
hueso. Lo dijeron ellos mismos, por desvergüenza, por cinismo
o por mera
prepotencia, eso de que aquí se estrenaron armas nuevas que
han ideado durante
los quince años después de su experiencia en el
Viet Nam, que tanto les enseñó.
El Chorrillo es a los gringos, lo que Guernica fue a los nazis. Ellos
mismos,
con un humor realmente macabro, le llamaron al Chorrillo "Little
Hiroshima".
En Río Hato, donde funcionaban dos escuelas, una de Cadetes
y otra de estudios
secundarios, en la que el estudiante más viejo apenas si
llega a los 17 años,
se dejaron caer bombas de dos mil libras. Dos mil libras. Yo ni
siquiera sabía
que eso existía. Ellos mismos lo han dicho. Bombas de dos
mil libras.
Actualmente
una libra de
explosivos debe equivaler a diez de los que usaron en la segunda guerra
mundial
y en el Viet Nam. Aquí en Panamá se
probó en combate el nuevo helicóptero
"Apache", más moderno y sofisticado que el Cobra, y que fue
diseñado
para combatir los tanques del pacto de Varsovia. Tengo entendido que
solamente
el computador que lleva el Apache cuesta un millón de
dólares. Aquí se probó un
nuevo chaleco antibala, más liviano y delgado, pero
más fuerte, que los
anteriores. Igualmente el casco que usaban los soldados, es nuevo. No
lejos de
mi casa un francotirador panameño le disparó a la
cabeza a un invasor. Pero le
dio en el casco y al soldado no le pasó nada. Hasta un nuevo
menú en la comida
fue probado en Panamá. Y estoy hablando
únicamente de lo que se sabe, de lo que
ellos mismos han dicho... JOSÉ
DE JESÚS MARTÍNEZ
Omar,
antípoda de Noriega Con
Hugo Spadafora
conversé por vez última en la prenavidad de 1980,
en Coronado, en casa de
Santiago Torrijos. Me buscó y me dijo al oído,
“no deben vernos mas, hablé con
el general delante de un tio de Martincito y le conté de
todo en relación de
Noriega. Le expliqué que ese tipo, pegado al prestigio de
Torrijos, está
aprovechando los asuntos en Centroamérica para traficar con
droga y armas. Por
eso me largué del lado de Pastora, aunque no concuerdo hoy
con los Sandinistas.
El general no sabe lo que tiene al lado ”. Un par de
días después le llevé a
Omar en Farallón unos documentos, y le mencioné a
Hugo y la conversación. Me
reafirmó su veracidad: “mientras he estado
negociando tratados, cubriendo
reunión con líderes mundiales sobre la
región, se me salieron los pollos del
gallinero, entre ellos lo mas grave es lo de Noriega. Con la CIA
aprendió a
trabajar por plata solamente”.
Respiré
y le dije: “¿Por
qué no lo sacas?”. Se sacudió, me
apuntó con ojos dilatados. “¿Te gusta
ser
Robespierre?, no sabes que lo guillotinaron sus
compañeros… Roberto, no conoces
las grandes ligas, los David que vencen a los Goliath son
fábulas, hasta yo le
tengo miedo a Noriega, pero es mejor cerca que lejos, no puedo decirte
mas”.
Solo pude en adelante especular sobre aquellas palabras. No poder
alejarse le
costó a Omar morir calcinado.
No
pude tumbarlo desde
adentro en septiembre de 1985, por lo de Hugo precisamente. Pero al
rifármela
aquél 7 de junio de 1987, sabía suficiente;
denunciarlo era retar la muerte,
guillotinas modernas.
Recordé
las palabras de
Omar, y sobre todo las del cura jesuita Bill Davis: “sepa que
Noriega es solo
un pequeño alfil, usted está
metiéndose contra la Casa Blanca directamente”.
Mis denuncias tenían que decir cualquier cosa, las que
fueran, con tal de
conseguir echarlo abajo. Con Omar estuve al lado de un estadista que
abrazaron
el Mariscal Tito, Fidel, Carter, Giscard D Estaing, Perón,
Olof Palme. Felipe
González, siendo Jefe de Gobierno, al ser reprendido en
Panamá por ser un
demócrata y tener intimidad con Torrijos,
replicó: “Omar fue un dictador,
confeso y converso, pero un fenómeno irrepetible en
América Latina”.
A
contrapelo, como
segundo de Noriega, viví al lado de un íntimo de
Pablo Escobar Gaviria. Eran
las antípodas. Omar tuvo el mas apoteósico
entierro, Noriega está muerto aunque
respire. ROBERTO
DÍAZ HERRERA
La
pérdida de la inocencia Yo
tenía 10 años aquella
navidad en que llovieron bombas y, a falta de regalos, jugamos a armar
barricadas en la esquina de casa. Por toda explicación nos
dijeron que Santa no
llegó porque los gringos le avisaron que siguiera de largo:
Panamá estaba en
llamas. Pero todo estuvo bien, porque además de no entender
qué era lo que
pasaba, estábamos entretenidos con el guión de
guerra que fracturó la insípida
rutina instalando soldados rubios que conquistaban nuestros barrios
sobre sus
tanquetas y una horda de compatriotas que ganó la calle al
grito de “¡saqueo!”
La
goma moral vino
después. Comenzó al volver al colegio y
contabilizar los compañeritos que
faltaban. Recuerdo a Jaime, por ejemplo. Como yo, era de los pocos
chicos que
usaba anteojos en toda la primaria. Era muy gracioso y dibujaba muy
bien,
quería ser caricaturista. Luego del 20 no lo
volví a ver. “Fue la
invasión”, se
dijo en el aula, como si esas tres palabras al pronunciarse juntas
justificasen
el vacío, el silencio y la nada. ¿Se fue con los
gringos? ¿Era del bando de Noriega?
Imposible saber. En el 89 nos burlábamos juntos del maestro
Tomáximo, que era
batallonero y una vez me amonestó y llamó a mi
vieja porque me pilló
repartiendo calcomanías de “Endara
Presidente”. “Mire en qué anda metido el
niño, señora”, le dijo, sin saber que
fue ella quien me pasó la propaganda. Qué
curioso: Tomáximo sí volvió al
año siguiente y creo que aún sigue siendo
maestro. Pero a Jaime se lo tragó la invasión.
La
nostalgia duró lo que
tardó en sonar el timbre del recreo. No teníamos
loncheras nuevas, pero sí
tesoros de guerra para pifiar. Como todos, tenía varias
fotos posando sobre los
tanques yanquis. Pero a la hora de comentar lo logrado en el saqueo,
mentí
olímpicamente e inventé incursiones maravillosas
a las mejores tiendas, por no
confesar que mi viejo no quiso robar. “Nosotros
no”, dijo.
Un
año después cayó la
Guerra del Golfo Pérsico y todos la vimos por TV. Pese a la
distancia, había
algo tan cercano en esas imágenes. El narrador cada tanto
afirmaba que el
armamento había sido probado en la invasión a
Panamá. “Así nos dieron”, fue
la
obviedad que pensamos todos, sospechando que así como
veíamos a los iraquíes
correr con el control remoto en la mano, otros nos vieron a nosotros.
Crecimos
y 20 años después yo siento culpa y rabia, y
muchos de mi generación también.
Anhelamos la caída de la dictadura militar y siendo solo
unos niños nos pusimos
el suéter que decía Just Cause
-¿quién los hizo, que ya estaban listos y
repartidos antes que agarraran a Noriega?-. Fuimos parte del juego y
celebramos
ingenuamente, sin saber que éramos nosotros los que
habíamos perdido. ROBERTO
QUINTERO
La
“guerra espectáculo” En
EEUU la invasión
militar norteamericana de Panamá en 1989 fue considerada un
triunfo de la Casa
Blanca y, en particular, del presidente Bush (padre). Los medios
destacaron la
eficacia del operativo contra un hombre tan
“peligroso” como Manuel A. Noriega.
Los críticos de Bush fueron silenciados y el
“triunfo militar” despertó
entusiasmo en ambos partidos políticos de ese
país. El Congreso aplaudió la
“fortaleza” demostrada por Bush y las encuestas de
opinión reflejaron un apoyo
del 80 por ciento de las personas consultadas.
Para
los observadores
más serios, sin embargo, la invasión fue
considerada como una caricatura de
“guerra diversionista”. Fue concebida, planeada y
ejecutada por razones de
política interna de EEUU. Una guerra diversionista es
promovida y desatada por
un líder político con “el
propósito de lograr objetivos diplomáticos
omilitares
que pueden contribuir a solucionar sus problemas políticos
domésticos”.
En
el caso de Panamá,
las razones que EEUU ofreció para justificar la
invasión fueron banales y sin
mayor sentido. ¿Qué justifica entonces el uso de
una fuerza abrumadora contra
un país que no representaba una mayor amenaza para EEUU?
Bush invadió a Panamá
bajo el supuesto falso de defender la democracia, de restaurar el orden
y de
defender a ciudadanos norteamericanos que residían en este
país. Los hechos
demuestran que esos objetivos, en realidad, no eran los que
perseguía EEUU.
La
invasión Panamá
pretendía recordarle al mundo que Washington continuaba
siendo hegemónica en el
hemisferio. Además, la invasión militar
demostraba que EEUU contaba con un
líder, el presidente Bush (padre), decidido a
“sobrematar” (over-kill)
cualquier adversario. Panamá fue escogido en aquellas
circunstancias para
lograr esos objetivos políticos que le devolvieran al
ocupante de la Casa
Blanca su prestigio y posibilidades de reelegirse en las
próximas elecciones.
La
alianza de EEUU con
los partidos políticos tradicionales y la Cruzada Civilista
dio como resultado
un híbrido político –
todavía vigente - que reemplazó a las Fuerzas de
Defensa.
Esa alianza que cumple 20 años en el gobierno, a pesar de
las alternancias en
el poder, reproduce gran parte de las políticas
desarrolladas por Noriega en la
década de 1980: El tráfico de drogas, el
neoliberalismo, la creciente
violencia, el incremento de la pobreza, los servicios bancarios y la
corrupción
en todos los estratos gubernamentales y del sector privado. MARCOS
GANDÁSEGUI
Un
lugar en la memoria Llevo
tres años
trabajando en un programa de arteterapia con niños del
Chorrillo; en este
tiempo he aprendido infinidad cosas. Una de las primeras que me
enseñaron los
niños fue cómo y dónde hay que tirarse
al suelo cuando en la calle se escuchan
disparos. Cada que he pasado allí me ha impresionado el
coraje con el que esos
mismos niños y muchos de sus familiares encuentran razones
para seguir viviendo
a pesar de las condiciones tan increíblemente extremas en
las que tienen que
hacerlo. Hacinados en viviendas miserables- muchas sin agua ni
saneamiento-
formando parte de familias en las que muchos los adultos responsables
no pueden
acceder jamás a un empleo estable ni a recursos de
ningún tipo, es fácil que
crezcan sintiendo que no tienen ninguna oportunidad de nada ni ninguna
esperanza de futuro, más allá que la de
sobrevivir y tener la suerte de no
cruzarse con el camino de alguna bala. Ya no es posible contar el
número
familias que han perdido a alguno de sus miembros víctima de
algún hecho
violento y absurdo. El barrio está condenado y el miedo y la
violencia son dos
presencias constantes. Los niños allí tienen que
aprender demasiado pronto lo
que significa la muerte y a convivir con ella como parte de su
día a día. No
puedo evitar pensar
que todo esto es algo que viene de lejos y que tiene que ver con el
pasado. Sus
padres, sus abuelos, lo cuentan; el Chorrillo antes, era otra cosa.
Cuando las
bombas destruyeron el vecindario durante la invasión, muchas
familias lo
perdieron todo; y muchos seres queridos quedaron sepultados y
desaparecieron
bajo el fuego y los escombros de las viviendas arrasadas. El duelo es
una
experiencia emocional que marca profundamente a quien la atraviesa.
Para que
pueda superarse y no impida la vida es necesario, entre otras cosas,
poder
hablar de la pérdida, darles a los que se fueron un nombre,
una tumba, un lugar
en la memoria; algo que permita llorarles para dar sentido a lo
ocurrido y para
poder seguir viviendo con ello. Los que viven allí, sienten
que no recibieron
ayudas ni compensaciones para empezar a reconstruir sus vidas sobre las
ruinas;
y sienten, sobre todo, que les negaron sus muertos. Arrastrar un duelo
así
durante tanto tiempo es una herencia demasiado pesada; una herida
abierta que
no se puede ignorar si se quiere tratar de entender lo que, a
día de hoy, allí
se está padeciendo. PILAR
MORENO
Razón
y esperanza La
tragedia de la
invasión, que provocó la caída del
régimen, pareció finalizar con la farsa
dictatorial. Desde entonces, se ha hecho realidad en nuestra sociedad
la
enseñanza de Kundera: “La lucha contra el poder es
la lucha de la memoria
contra el olvido”.
Transcurridos
veinte
años, todavía no hemos logrado aprender las
lecciones ni hacer el balance de lo
ocurrido antes y después del 20 de diciembre de 1989. En el
camino, nos hemos
quedado sin la Patria de los recuerdos, sin la memoria de lo ocurrido,
sin la
justicia exigida y sin la voluntad ciudadana de
reconstrucción de valores, de
visión y objetivos coherentes, de capacidad, de tolerancia y
orientación.
La
impunidad y la
corrupción han logrado predominar y terminar de destruir
cualquier recodo de
identidad nacional. La amnesia producida por la premeditada ausencia de
memoria
histórica y colectiva, nos encuentran más
atomizados que nunca e incapaces de
asumir nuestras responsabilidades ciudadanas en armonía con
el nuevo siglo.
La
clase política,
rápidamente olvidó a quienes lucharon por
“justicia, democracia y libertad”
desde 1968, se reacomodó prontamente y se refugió
en la constitución
militarista del 72, la cual han hecho suya para preservar las
estructuras de la
desigualdad social, cultural, política y
económica que prevalece 20 años
después. Fortalecido por la demagogia, el clientelismo y el
populismo, el Estado
primitivo, no es de Derecho, pero sí lo es de
patrañas y engaños.
Dos
décadas perdidas,
donde la claudicación ética sirve para
promocionar el desconocimiento del
pasado y despojarnos del futuro, gracias a una educación
secuestrada, junto a
la memoria histórica, por los epígonos de la
dictadura y sus plutócratas de
turno, quienes han tergiversado lo vivido.
Tengamos
presente con
Galeano que: “La historia se repite? ¿O se repite
sólo como penitencia de
quienes son incapaces de escucharla? No hay historia
muda…” La única manera de
darle voz a la historia es enfrentándola con la verdad, por
incómoda o molesta
que sea esta verdad. Enseñando y educando no solo lo bueno
de nuestra historia,
sino también los episodios dolorosos. Solo así
podemos reconciliar la razón y
la esperanza, construir democracia y justicia, y crecer como Estado y
como
Nación. MIGUEL
ANTONIO BERNAL
CRONOLOGÍA
POSTERIOR A LA INVASIÓN
1990 El
gobierno de Guillermo
Endara plantea la reconstrucción de Panamá.
El
Congreso de Estados
Unidos aprobó una ayuda de 420 millones de
dólares, 80 menos de los 500 que
había pedido el presidente George Bush. Según la
Cámara de Comercio, las
pérdidas económicas, consecuencia de la
operación armada y los saqueos,
superaron los 2,000 millones de dólares. La deuda externa de
Panamá ascendía a
5.100 millones de dólares.
1991 El
22 de abril la
provincia de Bocas del Toro fue sacudida por un sismo de 7.6 grados en
la
escala Richter de que dejó un saldo de 22 fallecidos y
cuantiosos daños
materiales. La presidencia de Endara fue cuestionada por el manejo de
las
ayudas a los damnificados. Mientras tanto se seguía
discutiendo los muertos de
la invasión. Los más conservadores hablaban de
350 mientras algunas ONG,
denunciaban que habían sido más de tres mil.
1992 La
alianza de gobierno
ADO-Civilista se fracciona. El vicepresidente Ricardo Arias
Calderón, de la
Democracia Cristiana, renuncia a su cargo denunciando la incapacidad de
Endara
para resolver problemas. En junio, el presidente de los Estados Unidos
George
Bush (padre) realiza una visita a Panamá. La ceremonia en la
Plaza Belisario
Porras se suspendió cuando algunos manifestantes fueron
reprimidos con gases
lacrimógenos.
1994 Cinco
años después de la
invasión, regresa al poder la fuerza política del
régimen militar, el Partido
Revolucionario Democrático (PRD). Ernesto Pérez
Balladares, ganó las elecciones
generales del 8 de mayo. La historia volvía a enfrentar a
los dos grandes mitos
de la política panameña: el ex ministro de
Hacienda y Tesoro de Omar Torrijos
venció a Mireya Moscoso, viuda del caudillo Arnulfo Arias.
1996 En
abril Panamá
reestructuró 3.900 millones de dólares de su
deuda con la banca comercial,
incluyendo 1.900 millones de dólares de intereses adeudados.
Se estableció un
menú de bonos con descuento o a la par con
reducción de intereses. Los bonos a
la par y con descuento estaban colateralizados con bonos
cupón cero del Tesoro
de Estados Unidos. Ernesto Pérez Balladares comienza el
proceso de
privatización de las empresas de servicios
públicos.
1998 El
presidente Ernesto
Pérez Balladares, que ya había privatizado el
Instituto Nacional del
Telecomunicaciones (INTEL) y el Instituto de Recursos
Hidráulicos y
Electrificación (IRHE), llama a un referendum en el que la
población se niega a
su reelección. Finalmente convoca a las elecciones generales
de 1999. El nuevo
presidente encabezaría los actos de la devolución
final del Canal a manos
panameñas.
1999 Mireya
Moscoso, viuda de
Arnulfo Arias y candidata del Partido Arnulfista, se convierte en la
primera mujer
en ocupar la Presidencia de Panamá. Moscoso derrota a
Martín Torrijos, cuyo
slogan de campaña era: "Para recuperar el Canal, el hijo del
General". En la mañana del 31 de diciembre sale el
último soldado de
EE.UU. en Panamá y finaliza el proceso de
reversión de las bases y el Canal a
las autoridades panameñas.
2000 El
18 de noviembre se
celebró la X Cumbre Iberoamericana en Panamá. El
terrorista cubano Luis Posada
Carriles fue detenido por planear un atentado con explosivos contra
Fidel
Castro quien daría un discurso en el Paraninfo de la
Universidad de Panamá.
Mediante un comunicado Geoge W Bush pidió que el gobierno
estadounidense no le
conceda la libertad condicional al General Manuel Antonio Noriega por
temor a
represalias en su contra.
2001 El
18 de febrero el
helicóptero HP-1430, que transportaba a familiares de la
presidenta Mireya
Moscos, cae al mar a 20 millas de Río Hato. Abordo del HP
1430 iban dos primas
de la presidenta Mireya Moscoso. Las autoridades hicieron hundir el
aparato
para evitar la investigación. Panamá
reclamó sin suerte a Estados Unidos por la
limpieza de la isla San José contaminada con bombas
químicas.
2002 El
legislador perredista
Tito Afú destapó el escándalo CEMIS
denunciando el pago de coimas en la
Asamblea Nacional. Diputados de los dos partidos mayoritorios, el PRD y
el
Arnulfismo, estaban implicados. También estalló
el escándalo “durodólares”
cuando en el congelador de la casa de la directora administrativa de la
presidencia de la República, Dalvis Xiomara
Sanchéz, se encontraron 30 mil
dólares que no podía justificar.
2003 Se
celebró el Centenario
de la República de Panamá que comenzaba un nuevo
ciclo histórico con la
soberanía total sobre su territorio. Entre los festejos se
incluyó la
realización del certámen de Miss Universo
Internacional. El gobierno de Mireya
Moscoso estaba acorralado por las acusaciones de corrupción. 2004 Martín
Torrijos Espino,
hijo del desaparecido General Omar Torrijos Herrera asumió
la presidencia de la
República de Panamá con el 47% de los votos.
Guillermo Endara, el presidente
que llegó al poder con la invasión,
salió sorpresivamente en el segundo lugar
con el 30% de los votos. Antes de dejar el poder, Mireya Moscoso
indultó a
Posada Carriles.
2005 Cuba
restableció sus
relaciones diplomáticas con la nación
istmeña en agosto, en ocasión de la
primera graduación de estudiantes panameños en la
Escuela Latinoamericana de
Medicina, donde estuvo presente el presidente Martín
Torrijos junto al líder
cubano Fidel Castro.
2006 Se
realizó el referéndum
para la expansión del Canal de Panamá. El pueblo
panameño decidiría la
construcción de un tercer juego de esclusas. 56.7% no
participó en la votación.
Al otro día el bus de la ruta Mano de Piedra corredor 8B-06
se incendió y murieron
18 personas calcinadas. Se desata la tragedia del dietilenglycol ,
sustancia
tóxica introducido en un jarabe para la tos, distribuido por
la Caja de Seguro
Social.
2007 El
9 de septiembre de
2007, Manuel Antonio Noriega culminó sus 17 años
de prisión en Estados Unidos
por narcotráfico. Un mes antes el juez estadounidense
Williams Turnoff
dictaminó su extradición a Francia. Este
país exigía que Noriega pagará por el
delito de lavado de dinero y aceptó su figura de prisionero
de guerra. Todavía
no se decide su extradición.
Fuentes: Wikipedia Revista
cultural “La
Lotería” Diario
“La Estrella” de
Panamá Archivos
varios Equipo
de Investigación,
Seguimiento y Redacción de Aporrea.org Video
Fuente:
http://www.youtube.com/user/panailde
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